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MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

martes

PRESENCIA



THOMAS TROBE / KRISHNANANDA - ESCUELA DE VERANO

La presencia es la esencia de la meditación, aprender a mantenerse en el momento, a observarlo y sentirlo tal cómo es. Nuestros miedos, pánico y falta de confianza hacen que nos sea extremadamente difícil hacer eso. Cuando empecé a meditar, yo me centraba de forma diligente en observar mi respiración, mis pensamientos y las sensaciones del cuerpo tal como me decían mis maestros que debía hacer (siempre he sido un alumno diligente y bueno). Me evaluaba por lo bien que conseguía hacer todo eso. Si estaba inquieto y descentrado me juzgaba por eso. Nunca me di cuenta que mi inquietud era un síntoma de los miedos de mi niño interior, que por algún motivo estaban siendo provocados. 
Al descubrir el pánico de mi niño, la práctica de la meditación ha cambiado completamente para mí. Ahora me doy cuenta de dónde proviene gran parte de mi distracción, ansiedad y falta de paz interior, no sólo cuando estoy sentado meditando, sino todo el tiempo. Esos momentos son una prueba a mi habilidad para estar presente con lo que hay, con todo el pánico de mi niño herido. El trabajo con el niño interior me aportó una comprensión muy nueva de la presencia y la meditación, más difícil, pero mucho más viva y más rica
Según mi experiencia, sólo con hacer un ligero compromiso para mantenerme presente, ya estás sanando profundamente tu niño interior. Nuestros miedos nos desconectan de nosotros mismos. Aprender a mantenerse presente sana esa herida. Eso es fácil cuando nos sentimos cómodos y contentos por dentro, pero es extremadamente difícil cuando se desencadena el dolor o el miedo. 
Normalmente, cuando algo nos afecta de forma emocional lo sentimos en el vientre. A casi todos nosotros nos invalidaron y nos destruyeron ese mecanismo durante la niñez, y cuando lo perdemos no somos capaces de mantenernos con nuestros sentimientos en un momento determinado. La validación y aceptación propia comienzan al reconocer, permitir y aceptar en todo momento cualquier cosa que suceda en nuestro cuerpo, en nuestro vientre. Es entonces cuando empezamos a regresar a casa. El primer paso, incluso antes de poder expresar nada, es conectar dentro. 
Para alguien como yo, saliendo aún del shock y la vergüenza, la sensación de estar enfadado o triste era un completo misterio. Cuando se me pedía que expresara o compartiera los sentimientos, me hundía más profundamente en el shock. Fue sólo cuando empecé a centrarme en aprender a estar presente que comencé a quitarme la presión de tener que expresar algo, hasta que finalmente pude conectar conmigo mismo en mi interior. 
La presencia es un conocimiento sin juicio. En el momento en que empiezo a validar lo que está sucediendo, en lugar de juzgarme por no sentir otra cosa o no sentir nada, creo espacio para que se revelen más cosas.
Yo tuve que empezar desde el principio, porque de niño no tuve ese espacio y tampoco me lo di de adulto. Ahora, en lugar de "siento esto y hago aquello" la cosa se convertido en: "simplemente veamos lo que está pasando aquí". Puedo sentir el manto de la vergüenza y entonces empiezo a rastrearlo hasta su origen, empezando por un hecho, una conversación, una decepción o una ofensa de alguien. Puedo empezar a sentir el dolor o la ira de sentirme avergonzado, y la respuesta. Incluso puedo darme cuenta más a menudo de cuándo "pierdo mi energía" y cuando transijo y cedo mi dignidad a cambio de respeto, aprobación o amor. Me doy cuenta de lo que provoca la pérdida y sólo con mantenerme consciente de ello consigo detener esa pérdida. El punto de partida está en reconocer la importancia de mantenerme presente.