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MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

martes

LA IDENTIDAD SEXUAL ENTRE NATURALEZA Y TÉCNICA

UMBERTO GALIMBERTI

¿Cómo influyen en la identidad sexual las técnicas cada vez más sofisticadas que la ciencia médica pone a disposición de la práctica sexual? Pienso, por ejemplo, en la introducción y uso de los anticonceptivos que, al disolver el atávico nexo que unía el placer sexual a la reproducción, han constituido el único fundamento verdadero de la liberación de la mujer. Solo tras su aparición el feminismo consiguió como exigencia ideológica impulsar la liberación de la conciencia femenina, que la bioquímica había liberado ya con el sólido e irreversible registro de la materia. Las mujeres salieron de las paredes de la casa, donde eran cuerpos de servicio y cuerpos de reproducción, para caminar por las calles de la ciudad de día y de noche como cuerpos de seducción y cuerpos de belleza.
El esquema de la relación hombre-mujer se ha transformado radicalmente. El hombre, que solo conocía su propio cuerpo como cuerpo libre de la cadena de reproducción se ha encontrado con otro cuerpo liberado (bioquímicamente liberado), y su esquema de vida ha sufrido unas consecuencias que le han obligado a una transformación y a una nueva visión de sí mismo como nunca antes lo habían hecho en unos términos tan claros y perentorios ninguna idea, ninguna guerra, ninguna revolución ni ningún cambio cultural o histórico.
Liberada del ritmo de la naturaleza a la que estaba atada desde el origen del mundo, la mujer, con su ingreso en la historia, que hasta ahora había sido prerrogativa exclusiva del hombre, ocupa al menos en Occidente cada vez más puestos de trabajo y a menudo de responsabilidad, mientras en casa la sustituyen niñeras y mujeres inmigrantes dedicadas al servicio doméstico; retrasa el deseo de tener un hijo hasta los límites de la edad fisiológica, libera cada vez más la sexualidad haciéndola muchas veces menos poética y más práctica; desplaza los límites del habitual sentido del pudor, obligando a la moral a hacer toda clase de piruetas para convertir en tolerable lo que antes era vergonzoso; obliga a las terapias psicológicas a reconfigurarse, porque la metáfora sexual sobre la que habían erigido sus edificios ya no se sostiene ni como tabú ni, a lo sumo, como deseo.
Pero aquí no acaban las consecuencias. Cuando la mujer estaba atada a la naturaleza y el hombre era libre de actuar en la historia, la diferencia sexual la marcaba la pertenencia a dos escenarios distintos. Ahora que la emancipación femenina ha confundido los escenarios surge otra verdad: que los sexos son menos diferentes de lo que se cree, y hasta tienden a confundirse o incluso a intercambiarse.
Una vez desaparecida la naturaleza (anatómica) como referente, la técnica, que ha liberado el cuerpo de la mujer, tiende a confundir la naturaleza con el artificio, multiplicando los juegos, desarticulando el sexo como primer signo de identidad para ofrecerlo como excedente de posibilidad. Descubrimos entonces que nadie está nunca donde cree estar, sino que todo el mundo está donde lo empuja el deseo. Y como el deseo no conoce límites, el sexo virtual acaba acercándose y sustituyendo cada vez más al sexo real, que, recluido entre los angostos límites de la opacidad de la carne, no halla otra expresión que una vulgar mecánica y física carnal. Desde el punto de vista del deseo, nada interesante.