76

76

33

33

55

55

900

900

somos

Ana

Ana

77

88

654

ev

ev

9

iniciativas que educan

chicas10

alan turing

lgm

lgm

de

das

29

besos

21

BULLYING

65

elsa

MAXIMO POTENCIAL

quiero

mandela

mandela

23

23

pp

ABRAZOS

NR

NR

inv

tr

tr

putin

putin

HM

HM

POESÍA

POESÍA

DECLARACION

RECOMENDACIONES ONU

RECOMENDACIONES ONU

homofobia escolar

d

esc

CORTO

homofobia

* IMPRESCINDIBLE BENEDETTI *

* MARIO ALONSO PUIG: "LA FELICIDAD ES DESCUBRIR EN LA VIDA EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA" *

MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

martes

LA LLAMA INVENCIBLE - 5

PEDRO MENCHÉN

Carlos se presentó varias veces en mi casa preguntando por mí, pero yo me negué a recibirle y, al final, el pobre muchacho no tuvo más remedio que escribirme una carta. En ella me pedía perdón por todo lo ocurrido. Decía que yo era el mejor amigo que había tenido en la vida y un montón de cosas bonitas que me llegaron al corazón. Naturalmente, accedí a verle y le perdoné.  Por última vez, le acompañé a la parada de su autobús. De algún modo, habíamos vuelto a la situación anterior, pero ya nada era igual para mí. Sí, Carlos y yo éramos amigos de nuevo, pero eso ya no me servía. Y no estaba dispuesto a seguir sufriendo por un amor imposible. No me atrevía a sincerarme con él. No tenía valor para decirle que, efectivamente, yo era… pues eso, lo que él había dicho de mí, aunque no me gustara la maldita palabra. Y es que, por increíble que parezca, Carlos seguía pensando que yo era heterosexual. Mi enfado lo había atribuido precisamente al hecho de que me hubiera llamado “maricón” sin serlo… Y yo no tenía valor para aclarar las cosas. No me atrevía a decirle: “Esta bien, reconciliémonos si quieres, pero debes saber que me gustas, que me siento atraído por ti, ¿comprendes? Soy gay. Estoy enamorado de ti, ¿lo entiendes? Y si no satisfago ese deseo, si no te beso, si no te abrazo, si no hacemos el amor, enloqueceré, ¿comprendes? ¿Es que no te das cuenta? ¿Todavía no te has dado cuenta? ¿Cómo tengo que decírtelo? ¡Estoy loco por ti! ¡Te amo! Pero si no sientes lo mismo que yo, si tú no me amas, si no podemos ser amantes, tampoco quiero que seamos amigos”. Podría haberle dicho todo eso, pero no se lo dije. No le dije nada.
En la carta que me escribió encuentro algunas frases desconcertantes, como ésta: “Quiero que sepas que tienes la misma manera de ser que yo. Aunque tú no lo creas, somos iguales…” ¿Qué quería decir? ¡No, no era verdad, no éramos iguales en absoluto! ¡Éramos radicalmente distintos! ¿Hubiera tenido yo alguna posibilidad si le hubiera declarado mi amor? No lo creo. Carlos era heterosexual. Y si yo no podía cambiar de tendencia sexual, ¿por qué habría de cambiar él la suya? Para Carlos, yo sólo era un amigo, un gran amigo. Pero nada más. Y no se puede confundir amor (es decir, el deseo) con la amistad.
Al cabo de tantos años, analizo fríamente aquellos hechos y me doy cuenta de que mi reacción fue totalmente desproporcionada, ¡hasta el punto de dejar de hablarle y de obligarle a pedirme perdón por carta! En cierto modo, era lógico que me llamara “maricón” después de besarle, pues ¿qué chico besaría a otro sin serlo? Y, además, ¿qué culpa tenía él de que yo lo fuera… o de que no me gustara la maldita palabra?