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viernes

PONER LA INTELIGENCIA AL SERVICIO DEL AMOR

JUAN B. ARRÍEN - EL NUEVO DIARIO
Saint Exupery, al enfrentarse a la fuerte y constante dualidad entre el bien y el mal, lo mejor y lo peor, lo sublime y lo aberrante, la verdad y la mentira, la honestidad y la corrupción, afirmó que es necesario poner la inteligencia al servicio del amor, lo que en la perspectiva de la educación se puede traducir en la necesidad imperiosa de educar para la humanización de la gente y de la sociedad.
En el contexto de deshumanización y violencia que vivimos, el objetivo de toda genuina educación y de toda auténtica pedagogía, no puede ser otro que recuperar la dignidad de la persona y enseñar a vivir humanamente aprovechando todo lo positivo que también nos entrega este mismo mundo profundamente dual.  Una educación que recupere la aventura apasionante de construir personas, de priorizar al ser humano.
En todo caso, lo importante es insistir y acentuar el fin último de la educación, sobre todo cuando en el mundo se han instalado con fuerza la desigualdad, la exclusión, el abandono, la deshumanización dejando al margen la dignidad y el valor de la persona.
Basta ver el mapa mundial de la pobreza, el hambre, la desnutrición, las formas particulares de violencia cercanas a nuestra existencia, violencia familiar, ciudadana, política, de género, de sobreexplotación laboral, de tergiversación subjetiva de la información objetiva de los hechos sea por causa o por defecto, sea para alabar o denigrar, sea por intereses de la nación o de intereses particulares.
Vivir es hacerse, construirse, inventarse, desarrollar los talentos y posibilidades que poseemos.  Nos dieron el poder maravilloso de la vida, pero no nos la dieron hecha.  En nuestras manos está la posibilidad de gastarla en la banalidad, la mediocridad o llenarla de sentido.  Podemos aumentar la violencia o ser constructores de paz, vivir, negando o destruyendo la vida, o vivir defendiendo la vida, dando vida.
En un mundo estructuralmente contradictorio en el que los valores y antivalores se enfrentan, pero que a la postre conviven como una solución no deseada pero real, la educación en su esencia y finalidad debe indignarse, sublevarse, esforzarse, inventarse permanentemente, porque es imperativo cambiarla y mejorarla para que avance en la ruta del ser humano, de la humanización.

Educar es ayudar a cada alumno a conocerse, valorarse y emprender con decisión y con los medios necesarios, el reto de su propia realización.