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domingo

EN EL DIVÁN 2

SABER ESCUCHAR
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.JOSÉ IGNACIO DIAZ CARVAJAL - MÉDICO PSICOTERAPEUTA - SEVILLA
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Escuchar no es sólo oír lo que el otro dice. Es algo más. Implica prestar atención adecuada e intentar entender lo que nos quieren transmitir. Fundamentalmente es una predisposición a respetar al otro, permitir que tenga libertad para expresarse, aunque dude, aunque lo que diga no nos guste. Que el otro perciba que lo que nos dice nos importa, pues nos paramos no sólo a oírlo, sino a “vivirlo”, a hacerlo nuestro durante ese momento. Es preciso dejar a un lado nuestros prejuicios, nuestras propias ideas, las ganas de responder. Dejar que el otro nos llegue de verdad. No tener miedo a lo que el otro nos quiera transmitir. Ni a que el otro se nos muestre diferente a como nos gustaría que fuese. La escucha es un estado mezcla de pasividad (para poder recibir con exclusividad lo que se nos comunica) y de actividad, (por lo que vamos asociando, por las preguntas que hacemos, por nuestros gestos de interés). La respuesta, si es que se nos pide alguna, no tiene que ser algo muy elaborado, ni definitivo, sino algo que nutra la libertad del otro. No tiene sentido hacer un juicio de valor o creer que tenemos la solución e intentar imponérsela al otro. Muchas veces es suficiente que escuchemos con atención y que al hacerlo, permitamos que el otro pueda pensar mejor eso que nos dice y que incluso llegue a una conclusión por sí mismo. Es sorprendente como cambiamos nuestras ideas, sentimientos, o incluso llegamos a adoptar decisiones, simplemente porque alguien nos ha escuchado con hondura, y ha permitido crear un ambiente cálido de apertura a nuestro propio ser. Lo cual hace maravillas. Crea un espacio virtual en donde podemos pensar mejor y sentirnos más seguros. Permite un desenvolvimiento de nuestra personalidad. Es creador de vida, de comunicación, y también de unión. Como resultado de una buena escucha el que es escuchado aumenta su autoestima, al percibir que importa al otro. Se siente valorado, aceptado. Y al contrario, el que no es escuchado se siente rechazado, solo, impotente y a veces anulado. El que escucha siempre gana algo: conocer mejor al otro, y si no se lanza a dar respuesta inmediata, puede también pensar sobre todo el tema, asociar cosas que le afectan y hasta encontrar nuevas salidas a sus propios asuntos. Vivimos en un mundo en el que cada vez se escucha menos, aunque las interacciones con otros se multipliquen. Esto aumenta el sentimiento de soledad general. Es necesario aprender a escuchar y esforzarse en practicarlo.