5

5

6

6

55

55

900

900

somos

Ana

Ana

77

88

654

ev

ev

9

iniciativas que educan

chicas10

alan turing

lgm

lgm

de

das

29

besos

21

BULLYING

65

elsa

MAXIMO POTENCIAL

quiero

mandela

mandela

23

23

pp

ABRAZOS

NR

NR

inv

tr

tr

putin

putin

HM

HM

POESÍA

POESÍA

DECLARACION

RECOMENDACIONES ONU

RECOMENDACIONES ONU

homofobia escolar

d

esc

CORTO

homofobia

* IMPRESCINDIBLE BENEDETTI *

* MARIO ALONSO PUIG: "LA FELICIDAD ES DESCUBRIR EN LA VIDA EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA" *

MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

jueves

LA NATURALEZA TAMBIEN ES ROSA


Dos machos de jirafa mantienen relaciones sexuales en plena naturaleza.
El comportamiento gay se ha observado
en 1.500 especies de animales salvajes.
.
La frontera entre lo "homo" y lo "hetero" se ha difuminado en el mundo animal.
.
ROBERTO FURLANI - CORRIERE DELLA SERA
.
Muchos animales son gays. El hecho es aceptado universalmente por los científicos. Lo que ya no es tan universal, ni entre los expertos ni entre la gente normal, es que incluso auténticos iconos de la virilidad, como los bisontes americanos, hayan sido sorprendidos e inmortalizados en posturas muy equívocas.
Los bisontes machos son mucho mayores que las hembras y pueden alcanzar incluso los 190 centímetros de altura hasta la joroba. Además pesan una media de entre 750 y 900 kilogramos. Una serie de estudios realizados entre las manadas de las praderas norteamericanas condujeron a la siguiente conclusión: entre los machos, las relaciones homosexuales son más comunes que las heterosexuales.
Del estudio del comportamiento y de las costumbres sexuales de los animales se extraen conclusiones muy sorprendentes. Por ejemplo, los machos adultos de las morsas son bisexuales. Durante la estación de los escarceos amorosos se acoplan con el otro sexo, pero el resto del año, lo hacen con ejemplares más jóvenes de su propio sexo.
«La homosexualidad ha sido observada en más de 1.500 especies animales y el fenómeno está bien analizado y documentado en unas 500 de ellas», sostiene Peter Bockman, coordinador de la muestra ¿Contra natura?, inaugurada, hace unos días, en Oslo, en el Museo de Historia Natural de la Universidad. La muestra, que es la primera que aborda este fenómeno en el mundo, estará abierta hasta el mes de agosto de 2007.
«El argumento de que la homosexualidad no puede ser aceptada porque atenta contra las leyes de la naturaleza puede rebatirse ahora desde un punto de vista científico -añade Bockman-. La perpetuación de la especie a través de la reproducción no es el único objetivo de la actividad sexual de los animales, incluido el hombre. Las relaciones entre animales del mismo sexo puede ser utilizadas para crear alianzas y protección entre los que las practican. En situaciones en las que la especie es bisexual, como en el caso de los bonobos, las relaciones homosexuales pueden permitir, pues, la consolidación de los vínculos sociales».
Hasta hace una década, la homosexualidad, observada principalmente en animales domesticados o en ejemplares salvajes en cautividad, estaba considerada como una expresión anómala de la sexualidad animal (o incluso como una patología).
Se la solía explicar por diversas causas desencadenantes, como la presencia de individuos del mismo sexo encerrados en la misma jaula o en un recinto (como en el caso de las cárceles humanas), por carencias o excesos de hormonas sexuales o por un defecto de información (imprinting erróneo) en las primeras fases del aprendizaje.
Por ejemplo, si se crían pollitos machos de pato durante más de tres meses sin una presencia femenina, una vez que se convierten en adultos, los patos tienden a formar parejas del mismo sexo.
La intensa actividad de campo de los biólogos y etólogos está cambiando los horizontes, desvelando estos comportamientos considerados hasta ahora desviados por una parte de la ciencia y de la sociedad, han conseguido que las fronteras entre la homosexualidad y la heterosexualidad se difuminen cada vez más.
Por ejemplo, los machos de los delfines mulares son generalmente bisexuales, pero viven períodos de exclusiva homosexualidad. Entre las ballenas grises, las interacciones homosexuales son muy frecuentes. El 40% de la población masculina de los gallitos de las rocas (Rupicola rupicola), aves de la selva amazónica, se dedica a actividades homosexuales, e incluso una pequeña parte de ellos nunca se acopla con una hembra de su especie.
Entre las parejas gays animales, las hay que incluso han resuelto el problema de la maternidad. Tal es el caso de los cisnes negros, entre los que puede suceder que un miembro de la pareja homosexual se reproduzca regularmente, para apropiarse después del huevo depositado por otro e incubarlo con su pareja. Los dos pueden, incluso, llegar a echar del nido a la pareja heterosexual, adoptando su huevo. Un comportamiento observado también entre los flamencos.
Hay que tener, sin embargo, prudencia a la hora de declarar gay a un animal, dado que un comportamiento aparentemente homosexual puede terminar, a veces, en una simple transmisión de un mensaje. Eso es lo que sucede, por ejemplo, entre los leones africanos. Un joven macho que se acerca a otro adulto y que adopta la pose de una hembra en celo, está utilizando un mecanismo típico para bloquear la agresividad del fuerte. Es una buena táctica para evitar ser agredido. Sin embargo, para nosotros los humanos, a ese rey de la selva le atribuimos que tiene pluma.
.
Pájaros no tan bobos
.
El zoológico alemán de Bremerhaven ha fracasado recientemente en su intento de "solucionar" la homosexualidad de sus pingüinos tras llevar varias hembras. Los seis machos de pájaro bobo siguen relacionandose entre ellos y empollando una piedra a falta de un huevo. Las espléndidas cuatro hembras que les fueron traídas desde un zoo de Suecia no tuvieron éxito en su misión.
De nada sirvieron sus dotes seductoras ni la "profunda" llamada de la natualeza. Los pájaros bobo han preferido seguir macho con macho y las han rechazado, lo que les produjo una irremediable timidez dentro del recinto. "Las suecas están en retirada", informó Heike Kück, la directora del zoo, quien organizó un pequeño revuelo, cuando anunció que de las cinco parejas de pingüinos que había en su zoo, sólo dos eran heterosexuales, un problema que impedía la reproducción de estas aves antárticas. Kück tuvo que hacer frente a una avalancha de críticas de las asociaciones de gays y lesbianas, que la acusaban de despojar a estos animales de su derecho a elegir pareja sin la intervención del hombre. Ella replico que sólo quería salvar una especie amenazada. Finalmente, la tozuda realidad de la naturaleza ha puesto las cosas en su sitio: los machos siguen con sus amigos y ellas regresaron a Suecia.