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MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

miércoles

PACIENCIA Y CONFIANZA



THOMAS TROBE / KRISHNANANDA - ESCUELA DE VERANO

En el mundo de la meditación hay un sentido del tiempo diferente que el que pueda haber, por ejemplo, en la autopista de Los Ángeles. No conseguiríamos gran cosa intentando convencer a alguien que habla por el móvil y se encuentra atrapado en un atasco de tráfico, de la verdad del antiguo refrán zen que dice: "Sentado en silencio, sin hacer nada, llega la primavera y el césped crece solo". La paciencia tampoco ha sido nunca uno de mis fuertes. Cuando yo era pequeño, mi madre siempre le decía a todos mis profesores: "Lo que sí puedo decirle sobre él es que no consigue estarse quieto. Siempre tiene que estar haciendo algo".
Pero en la curación de nuestro niño interior nada sucede rápido. Es un proceso lento y delicado. Y lo mismo sucede con la meditación. Si meditamos con un objetivo, muy probablemente nos cansamos y nos frustramos. En ambos casos, al hacer el trabajo del niño interior y al profundizar en la meditación, sólo tenemos que disfrutar del proceso. Podemos pasar largos períodos de tiempo sin notar ningún cambio evidente en nuestro comportamiento o en nuestra actitud hacia nosotros mismos o hacia los demás. Esto puede ser frustrante y descorazonador. Pero entonces, de pronto, algo cambia bruscamente. nuestro trabajo empieza a fluir, nos llega la recompensa desde fuera o creamos una vida amorosa más profunda o más nutriente.
En los primeros días de mi trabajo de terapia conmigo mismo, los cambios me parecían más drásticos. Pasaba por procesos fuertes que abrían de forma drástica energías reprimidas y movían mucha energía. Pero cuando empecé con el trabajo de la codependencia y el niño interior y empecé a trabajar con mi vergüenza y mi shock, mi miedo al abandono y a la intimidad, investigando espacios de profundo miedo y vacío, los cambios nunca se produjeron tan rápidos ni fueron tan drásticos. No obstante, siento que son más profundos. El trabajo anterior satisfacía mi ansia de resultados rápidos, pero con el trabajo del niño interior he tenido que aprender a tener paciencia.
Me doy cuenta de que mis prisas, mis planes y mi mente ambiciosa provienen de mi niño aterrado. La paciencia proviene de una confianza profunda de que todo aquello que tenga que pasar, esté por pasar y sea necesario que pase pasará, y pasará en su propio momento. La paciencia y la confianza están intrincadamente entrelazadas. 
Sentarme a meditar con mi maestro y sentir las cualidades de intemporalidad, lentitud y equilibrio que emanan de él me han enseñado lentamente a tener paciencia y confiar. Sin prisas, sin agenda, nada excepto el momento presente. Esta cualidad tiene un profundo impacto cuando se lleva al terreno de las relaciones y de la curación de nuestra codependencia.
En cierto modo, nuestro niño interior se mantiene ansioso y aterrado. Lo que cambia es que nuestro estado meditativo se hace más fuerte y nuestra confianza más profunda. Ni siquiera se trata de confiar en alguien en particular, sino que desarrollamos un espacio de confianza en general. Yo tengo ese espacio en ciertos momentos, pero crece con la meditación y no hay nadie que pueda proporcionármelo, yo tengo que encontrarlo dentro. En la búsqueda de un tesoro. Esa calma en el centro de nuestro ser que eclipsa todos nuestros traumas emocionales, miedos y dudas.