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viernes

ERRADICAR LA POBREZA

FERNANDO MARTÍN y SERGIO OCAÑA

La familia Mendoza: Juan, Irma y sus diez hijos sobrevive con menos de un euro al día. Viven en Guatemala en una región maya de difícil acceso donde la supervivencia depende de la cosecha de maíz. En un control médico descubren que uno de sus hijos, Elmer, sufre malnutrición y necesita tratamiento urgente. El miedo obliga a la familia Mendoza a reaccionar. Mientras el padre busca dinero para ingresar a Elmer en una clínica, los hijos mayores emigran. La familia acaba encontrando en la iglesia evangélica consuelo a su pobreza. Irma y Juan pasaron hambre cuando eran pequeños y no han podido evitar que también la sufran sus 10 hijos. En Guatemala la pobreza extrema tiene rostro indígena y la familia Mendoza es maya. Viven aislados, sin más trabajo que la tierra y más contacto que la familia y la iglesia donde aprenden a conformarse con lo que les ha dado Dios. Sus hijos van a la escuela pero apenas aprenden a leer. El aislamiento les encierra en la pobreza, el conformismo y la ignorancia y condena a los hijos a repetir la historia de sus padres. Al final del documental el padre planta un árbol. ¿Y después? ¿Qué futuro les espera? Probablemente continuar viviendo en estas condiciones durante mucho más tiempo. Ellos y sus hijos. Pero no hemos querido contar una historia derrotista, el árbol es una gran metáfora para hablar de futuro. La familia está haciendo un esfuerzo al plantar los árboles, un esfuerzo que no tendrá recompensa hasta dentro de algunos años, cuando gracias a esos árboles mejore la calidad de la tierra que les da de comer. Pero esto ya es un gran paso porque están pensado en el futuro, algo casi imposible para alguien que vive día a día. Y sobre todo están garantizando el futuro de sus hijos. La familia Mendoza vive en una zona muy recóndita, sin apenas relación con otras personas. ¿Qué pensaron cuándo de repente llega a su casa un equipo de televisión y les dice que quiere grabar su historia? Nunca lo entendieron. La familia Mendoza no tiene televisión, ni agua, ni luz.... Cuando nos vieron lo primero que pensaron fue: son blancos y extranjeros, seguro que traen ayuda. La comunicación fue difícil. Nosotros intentábamos hablar de justicia social, de derechos, de democracia, ellos bastante tenían con pensar en el momento. Viven en condiciones terribles, son campesinos sin conocimientos de agricultura, no tienen relación con nadie excepto los domingos en la iglesia con otras familias de la zona. ¿Qué papel juega la iglesia evangélica en esa comunidad? Les enseñan a dar gracias por lo que tienen, todo se lo deben a Dios: su familia, el poco maíz que tienen... al final la sensación es que les enseñan a conformarse y desde luego eso no les hace ningún bien. La malnutrición no sólo afecta al desarrollo físico sino también al intelectual. Quizá esa sea la parte que estamos menos acostumbrados a ver. Sí y por eso queríamos centrarnos no sólo en el hambre sino también en sus consecuencias. Es algo sobre lo que coinciden todos los especialistas y creo que en el documental el doctor Carlos Arriola, uno de los expertos en malnutrición más conocido del mundo, lo deja claro cuando habla de Elmer, el hijo de la familia Mendoza. Una vez me dijeron una frase que se me quedó grabada: si a un niño no le alimentas bien durante los cinco primeros años de vida, que es cuando se forma el cerebro, es como si le pegaras un tiro en la cabeza; estás limitando de por vida su capacidad intelectual. No sólo es que tengan dificultad para aprender a leer o escribir, es que tampoco serán capaces de analizar, de pensar, de soñar, incluso de luchar por su futuro. En Guatemala la mitad de los niños están desnutridos. ¿Qué futuro le espera a este país?