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martes

FAMILIAS COMPROMETIDAS

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Maite, Xulio y Jony, han integrado su historia familiar en el activismo asociativo de XEGA y AMPGYL

CUANDO CAMBIÉ MI NOMBRE EN EL DNI FUI EL HOMBRE MÁS FELIZ

LETICIA ÁLVAREZ - EL COMERCIO

Fue su madre Maite de Blas quien se atrevió a dar el paso. Jony Suárez tenía trece años cuando su madre le sentó en un sillón y le espetó que creía que era transexual. «Me quedé impresionado», recuerda ahora seis años después de aquella trascendental conversación que sirvió también para aliviarle. «Estaba irascible, encerrado en sí mismo. Mi hijo se ha perdido muchas cosas de su niñez porque estaba desubicado. Nosotros, su padre y yo, queríamos empezar a ayudarle lo antes posible, pero no queríamos dar el primer paso y estropearlo todo. Creo que dimos con el momento adecuado», rememora Maite. En casa de los Suárez, en Lugo de Llanera, todo comenzó a «ir rodado. Empezamos con la hormonación, con su tratamiento psicológico e hicimos que se diera a conocer como era». Su padre Xulio Suárez, natural de Mieres y conductor de Alsa, asegura que «uno de los momentos más felices de nuestra vida fue cuando le hicimos la mastectomía. De regreso de Barcelona, Jony empezó a reírse como hacía tiempo que no le oíamos en casa». No es para menos, con una talla 95 de pecho se pasaba los veranos sin salir de casa y cuando lo hacía iba vestido con prendas de neopreno para disimular su aspecto. Desde los trece años su desarrollo físico avanzaba de forma diametralmente opuesta a sus sensaciones. «Con tres años ya quería ponerse calzoncillos, jamás lució ropa de niña, nunca hizo otra cosa distinta que comportarse como un chaval», dice Maite de Blas. Quizás por eso el día en que le preguntaron a su hermano Gorka, tres años menor, qué opinaba de su hermana contestó que «de hermana nada, es mi hermano». Los padres se quedaron atónitos. El niño había sido capaz de asumir de forma natural el verdadero yo de su inseparable compañero de juegos. Poco a poco, ese hermano empezó a cambiar también su aspecto externo e, incluso, su nombre en el DNI. «Desde pequeño, siempre quise llamarme Jony y cuando lo logré fui el hombre más feliz». Pero Jony ha tenido suerte. Otros padres no asumen con la misma responsabilidad el hecho de que sus hijos no cumplan con los cánones establecidos. Por eso hace unos días se reunieron en Gijón miembros de la Asociación de Madres y Padres de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (AMPGYL) procedentes de toda España. Precisamente Maite de Blas aporta su experiencia como madre a este colectivo del que es presidenta desde el pasado mes de noviembre. Acompañada por la presidenta nacional, Esther Nolla, explicó el sentido de este encuentro de familias: «Estamos hablando de niños que sufren, de situaciones humanas que se dan. ¿Alguien puede pensar realmente que ellos eligen ser así?». Los Suárez quieren ayudar a otras familias a afrontar «un golpe que se supera queriendo a tus hijos porque hay muchos críos sufriendo». Incluso a pesar de que «tu princesa se convierta en príncipe como me ocurrió a mí», dice Xulio.

www.XEGA.org / asturias@ampgyl.org