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MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

martes

TÚ ERES DUEÑO DE TU SEXUALIDAD

Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad de la Universidad de Salamanca, habla sobre el papel que deben desempeñar en la educación sexual los padres, el Estado o las instituciones. También opina sobre la incapacidad de la derecha o de la izquierda para proponer soluciones eficientes y procurar a los ciudadanos una formación básica en la materia. Y es que, como explica aquí, el sexo seguro consiste en algo más que prevenir embarazos, enfermedades... o practicar la abstinencia.

JUAN PABLO PALLADINO - TEÍNA
Una asignatura sustancial asfixiada por las incompatibilidades morales y la timidez política. Así debería rotularse en España la carpeta que contiene los programas escolares de educación sexual. Y es que, como advierte Félix López Sánchez a Teína, esta materia fundamental para la salud y el bienestar nunca ha podido superar las presiones religiosas y la soluciones retóricas de los partidos oficiales (fueran de izquierda o derecha). Como consecuencia los jóvenes se las arreglan como pueden, unos con más suerte que otros si les ha tocado una familia responsable o un instituto comprometido. El resto aprende de los amigos, o de los medios de comunicación y de sus «seudoproductos culturales». Catedrático de Psicología de la Sexualidad por la Universidad de Salamanca y autor de casi una decena de libros, Félix López Sánchez ha pasado más de 30 años enseñando e investigando sobre las relaciones entre el sexo y los afectos. Para él, la educación en esta materia debería brindar herramientas científicas a las personas para que éstas luego decidan la vida íntima que desean según sus gustos y creencias. Es decir, para que gocen de su autonomía. Por eso, recomienda que cada uno escriba su propio guión sin prestar atención a los discursos interesados o malogrados.
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UNA MATERIA PENDIENTE

¿Cómo anda la sociedad española de educación sexual?
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Mal, porque los jóvenes siguen teniendo como fuente de información los amigos y los medios. Y la familia, la escuela y los profesionales no legitiman esas nociones; por tanto no educan, salvo en programas aislados y de forma esporádica.
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¿Como consecuencia...?
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Al no estar legitimada esa información, o la usan menos o de forma errónea, y dentro del contexto de lo prohibido. Eso les conduce a asumir más riesgos, a ser menos responsables en sus conductas, a vivir más confusamente la sexualidad, sobre todo en la primera adolescencia. Hablan los amigos, los medios, los seudoproductos culturales, y sin embargo las instituciones que más deberían hacerlo se callan.
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¿Pero a quién corresponde el papel principal de educar en sexualidad: a la familia o a la escuela?
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Porque, últimamente, se ha generado bastante polémica en España sobre la legitimidad de estas instituciones en la materia.
A ambas y a los profesionales, aunque sus roles son completamente distintos. En su entorno la familia debe transmitir valores, modelos, estilos de vida, creencias. La escuela y los profesionales tienen la obligación de ofrecer informaciones profesionales. Es importante que los niños posean, por un lado, los criterios de la familia, y por otro una formación adecuada. Y los profesionales han de prestar la ayuda específica que cada niño necesita para vivir una sexualidad saludable y para resolver dudas, incluso técnicas. Ellos no transmiten creencias ni pareceres personales, sino opiniones profesionales.
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¿Y qué suponen éstas?
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Como profesional, debo abstenerme de organizar la vida sexual y amorosa de las personas: cada una debe tomar sus decisiones; yo sólo debo brindarles la información para que puedan hacerlo. En cambio, la familia está legitimada para infundir posturas subjetivas: un padre o una madre pueden decirle a su hijo adolescente que prefieren que inicie sus relaciones sexuales más tarde, y ambos estarán ejerciendo así su libertad. El profesional sólo debe entregar herramientas para que las personas adopten conductas adecuadas y saludables.
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¿Qué implica entonces una educación sexual eficaz?
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Nosotros postulamos el modelo biográfico profesional. Biográfico, porque pregona que las personas deciden —si éstas son menores, ojalá que lo hagan escuchando el consejo de su padres o familiares cercanos—. Y profesional, porque debemos saber qué y cómo informar; por ejemplo, más sobre fisiología, anatomía, naturaleza sexual humana, los afectos, el enamoramiento, métodos anticonceptivos... ¡Si los contenidos están muy definidos por escrito! Un chico debe conocer esos aspectos vitales.
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Hay profesionales que se quejan de que la educación sexual en España tiene un enfoque muy preventivo.
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Claro, por eso el cuadro que le resumí contempla materias más amplias. Además de educar para que los chicos eviten los embarazos indeseados o las enfermedades de transmisión sexual —temas importantísimos—, también debemos enseñarles a intimar, para que le den importancia a los afectos, a las emociones. Las relaciones sexuales comprenden mucho más que la mecánica del coito: representan un aspecto de la vida mucho más rico. El sexo seguro conforma sólo una parte de la asignatura; otra tan fundamental es la del sexo afectivo, tierno, igualitario; en fin, la ética de las relaciones amorosas, que yo llamo. Una ética de principios universales, ni de derechas ni de izquierda ni del norte ni del sur. Y que se asienta en pilares como la igualdad entre géneros, los espacios compartidos, el consenso y la libertad, y que rechaza la presión y el engaño.
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En todo caso, ¿deben estar las prácticas sexuales ligadas siempre a la afectividad? ¿Es malo o riesgoso lo contrario?
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Depende de lo que se entienda por afectividad. Hoy existen muchas personas que reconocen que no hay que estar casado ni enamorado para mantener relaciones. Sin embargo, hay aspectos de la afectividad, como respetar al otro y ser igualitario, que resulta importante que acompañen al sexo. Y es que va mucho más allá de una tarea cualquiera. Los seres humanos poseemos sentimientos, emociones, afectos. Incluso cuando dos personas consensúan pasar juntas un buen día, una buena semana, un buen mes, debe existir respeto, ternura, cuidado. La actividad sexual no es lo mismo que beber un vaso de agua o comer; es una actividad que compromete el fuero íntimo, incluso cuando se trata de relaciones ocasionales.
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UN CERO A LA IZQUIERDA, A LA DERECHA... Y AL CLERO
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La Iglesia española cuestiona la legitimidad de la escuela y de los profesionales para atender las enseñanzas sexuales.
La Iglesia considera que hay un sólo y verdadero Dios, y que hay un libro único y una moral sexual exclusiva: la que ellos pregonan; lo cual constituye un planteamiento fundamentalista, sin duda. Porque si cada persona optara por él en su vida privada y lo predicase como fe, pues muy bien. Pero si se quiere convertir esa postura en educación sexual experta e invadir con ella la actividad de los profesionales y educadores es, entre otras cosas, anticonstitucional. En España las personas reconocen distintas creencias y distintas morales.
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Conocemos la postura de la Iglesia y de la derecha más extremas. Sin embargo, ¿qué ha hecho la izquierda para mejorar en esta materia?
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A la izquierda le pasa como a la Iglesia. Aunque está menos organizada en ese sentido y representa a un sector variopinto. Dentro de ella existen personas con mentalidad más pedagógica y social que han trabajado lo posible por mejorar. Sin embargo, la izquierda política ha planteado sólo soluciones retóricas y algunos cambios de leyes importantes.
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¿Por ejemplo?
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Todas las leyes referentes al género, la homosexualidad y la transexualidad. Otras leyes las ha propuesto la derecha en su tiempo, hay que decirlo. Ahora bien, en ninguno de ambos casos se han tomado en serio el tema de la educación sexual, han dado respuestas retóricas. Por ejemplo, decir que es muy importante, que debe impartirse en la escuela, pero luego ni siquiera forman a los profesores. ¿Hay educación sexual en los colegios españoles? Sí, pero de manera esporádica: en algunos centros sí, en otros cincuenta no. Debería estar incluida en el currículo de manera seria y expresa.

¿Entonces la famosa transversalidad de la educación sexual entre materias del currículo educativo es un mito?
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Es una solución retórica: dicen que resulta necesaria, pero no se aplica. Claro, que esta situación se preveía: si tú no formas a los profesionales, no conceden espacios, tiempos y medios para tratar temas transversales —por ejemplo, la educación para la salud—, entonces es inútil cualquier ley. La misma Educación para la Ciudadanía representa una contradicción con la propuesta transversal, porque en este caso no deberían concentrar sus contenidos en una sola materia. Por cierto, que esta asignatura más que enseñar para la ciudadanía lo está haciendo para la discrepancia: cada Comunidad y cada centro están desarrollando, literalmente, lo que les da la gana.
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¿De quién depende cambiar esta realidad?
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De muchas instancias. Primero del Estado, que en el currículo base —de cumplimiento obligatorio— podría haberse tomado más en serio las materias educación sexual y educación para la salud, entre otras. Porque yo soy partidario de pensar más allá de la sexualidad, a fin de reforzar el bienestar de los alumnos y acentuar la enseñanza en temas como el consumo, la vialidad, la alimentación, tan capitales como el sexo. Hay que practicar una educación global y coordinada, como por ejemplo en Canadá. El segundo nivel de responsabilidad recae en cada Comunidad Autónoma, que tiene un margen de propuestas en el currículo. Sólo algunas se han tomado durante algún tiempo este papel de manera responsable, como Canarias —donde ahora esto no está tan claro—. Por último están los centros, con bastante autonomía sobre estos temas, y los propios educadores. O sea, que el currículo español permite ejercer la responsabilidad en distintos ámbitos, lo cual implica que hoy falla todo el entramado.
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¿Pero alguien tiene la manija fundamental?
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El Estado, sin duda. Si estos temas son tan fundamentales, debería crear los espacios necesarios y preparar a los profesores para trabajarlos. En cambio, si les obligas a impartir las materias sin haberlos preparado antes, servirá de poco. Además, cada profesor hoy sabe sólo de su materia y se siente ajeno a esta problemática, con lo cual la enseñanza queda a merced de su voluntad.
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A MÁS CONOCIMIENTO, MAYOR TOLERANCIA
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La sexualidad cambia según la edad. ¿Cabe entender la educación sexual como una asignatura de por vida?
Lo principal es una buena educación sexual básica. Aunque claro que está bien informarse en la vida adulta y adquirir conocimientos de los cambios provocados por la edad. Pero esa información la pueden ofrecer los profesionales puntuales de la salud.
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¿En qué etapa debería empezar a educarse en sexualidad?
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Desde que interactúan los padres con los niños las primeras veces, ya se comienza a educar en este aspecto. Luego, en las edades infantiles resulta muy importante, pues a partir de los dos años ya empiezan a distinguirse sexualmente entre ellos, y es sustancial además que se reconcilien con su sexo. Empiezan a relacionarse, a ejercer sus roles sexuales y actúan como esponjas de información. Los temas de la identidad, de los roles y del origen de las personas se trabajan en el período preescolar. Si la familia transmitiera modelos de respeto, querer, igualitarismo entre géneros, y luego la escuela ofreciera las informaciones básicas, todo se daría mucho mejor.
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La homofobia surge incluso a las aulas escolares. Con una mejor educación sexual, ¿sería España más tolerante con las elecciones sexuales?
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¡Pero no cabe duda! Una de las piezas clave de la educación sexual la constituye la aceptación de la diversidad. El «modelo biográfico» parte de la idea de que existen biografías sexuales diferentes que deben aceptarse mientras respeten la salud y el bienestar sexual. Así, desde un enfoque profesional, está igual de bien que los adolescentes o los jóvenes tengan actividad sexual saludable que si deciden postergar el inicio de las relaciones. Por eso, yo rechazo tanto la presión absolutista de un modelo de abstinencia como la de aquellos que insisten en sentido contrario, los que pregonan la obligatoriedad de practicar el sexo lo más temprano posible. Tenemos que aceptar todas las decisiones en esta materia siempre que vengan precedidas de una perspectiva de la salud sexual. En este sentido debemos aceptar y entender que resultan tan compatibles con la salud si un niño o una niña se masturba porque han descubierto este aspecto de su sexualidad como si un niño o una niña aún ignoran esta faceta.
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Así que una sociedad educada es aquella que acepta la pluralidad de caminos sexuales saludables.
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Tenemos que aceptar la diversidad de posturas: la del homosexual, la del transexual, la del bisexual. El modelo que pregono acepta, como su nombre lo indica, toda biografía sexual y amorosa siempre que tenga como finalidad el placer, la salud y el bienestar. Y existen muchas biografías, por eso estamos en contra de que la Iglesia imponga el modelo de abstinencia para todos como modelo profesional en la escuela y que desde otros sectores prediquen el consumo obligatorio de la sexualidad. Ambos modelos fallan, las relaciones sexuales ni son malas ni son obligatorias: Tú eres dueño de tu vida sexual y amorosa, organízala, escribe el guión de tus días. Y no permitas que ni el cura ni la prensa ni los profesionales mal formados escriban lo que debe hacer con su sexualidad. Tu eres el actor principal, tómate en serio tu actuación.