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POESÍA

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* IMPRESCINDIBLE BENEDETTI *

* MARIO ALONSO PUIG: "LA FELICIDAD ES DESCUBRIR EN LA VIDA EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA" *

MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

jueves

LA DULZURA DE SAFO

MARTÍN PRIETO - EL MUNDO
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Querida Empar:
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Pese a los años transcurridos, te sigue recordando todo el mundo que tuvo el placer de tratarte en los tiempos irrepetibles en que girábamos sobre el gozne de nuestros destinos y, de alguna manera, fuimos efímeramente protagonistas de nosotros mismos. Habiéndote perdido, busqué entre amigos comunes, relaciones políticas, «rojos» irredentos, y nadie daba fe de ti, pero todos apostillaban mi indagatoria: «Avísame si das con ella; me gustaría volver a verla». Han pasado veinte años y al menos a mí me reconforta contemplar que no has cambiado, que sigues tal como eras cuando ya los demás apenas somos aquellos: igual de flaca, de solidaria, tan traspasada por una enérgica dulzura y tan ajena a la menor intolerancia, siempre comprensiva con la debilidad de los demás y bastante exigente contigo misma. Cuando tú eras una dirigente del Movimiento Comunista yo andaba enamoriscado de ti, y mis compañeros me tomaban cruelmente el pelo que entonces tenía, pero algún artículo te habré publicado no por otra cosa que por ser vos quien sóis. Lo mío era de medalla, por cuanto trabajando remuneradamente por hacer enraizar en España una revolución burguesa con casi trescientos años de retraso, me dio en aliviar mi mala conciencia buceando en tu MC, en la Liga Comunista Revolucionaria, en el Partido de los Trabajadores de España, o en la Organización Revolucionaria de Trabajadores: católicos que aún creían en el mensaje evangélico, maoístas, trostkistas, albaneses, ¡qué sé yo! A mí, más que remar contra la Historia, me atraía de aquella marginalidad del comunismo, aquel potaje de siglas, la calidad de algunas mujeres que en él encontrabas y de la que siempre sobresalías tú, y no por imposición avasalladora sino por una clara distinción y discreción. Que fueras lesbiana me daba lo mismo; a mí me interesaba la serenidad que sigues irradiando, tu paciencia, y, por supuesto, tu cociente intelectual. Licenciada en Filología Románica creo que continúas siendo la única ciudadana española que habla y escribe en castellano, catalán, gallego y euskera, porque lo de Fraga, que presume de don de lenguas propias y extrañas, no me lo creo, y jamás le he escuchado decir ni «agur». Nacida en Hernani, hija de un carnicero catalán y madre vasca, ya tenías algo andado, pero también has sido una peripatética de las universidades españolas de las que te iban expulsando. Creí que habías acabado en la docencia, pero no; fiel a ti misma casi te conviertes en reportera de Juan Tomás de Salas porque tenías una Vespa; has vendido libros, galletas, quesos, y hoy en un trasto aplastado de cuatro ruedas vas a trabajar «de chica para todo» en una clínica de la que eres secretaria de dirección. Como no podía ser de otra manera, continúas enredada en movimientos como Liberación o el Colectivo de Feministas y Lesbianas. Ya te he dicho que quizá el sida ha hecho reflexionar a la sociedad sobre la homosexualidad masculina, pero el amor entre mujeres prosigue enterrado en un ghetto doble: mujeres y sexualidad aparentemente no reproductiva y por ello antisocial. Con el mundo de Lesbos y de Safo algo ocurre en esta sociedad para que la suavidad de vuestro amor permanezca tan escondida, sobreentendida y entre visillos. Amigos homosexuales veo que avanzan en el reconocimiento de sus legítimas preferencias, pero las lesbianas continúan en buena medida cubriéndose la cabeza con un «chador». No tengo respuestas, y sí un cerro de preguntas. Casi todas las mujeres heterosexuales que conozco se complacen con el trato y la amistad de homosexuales, pero se engatan ante una lesbiana. Será el miedo atávico judeo-cristiano a caer en los brazos del propio sexo. No lo sé, ni acabo de entenderlo, por cuanto los estudios sociológicos te explican que, muy por encima de los varones con lo suyo, las adolescentes tienen aproximaciones lésbicas y juguetean con la entrega y la ternura de su mismo sexo. Puede que resulte mejor que permanezcáis en una cierta penumbra; siempre es beneficioso resultar un punto intrigante. Lesbos no es una isla griega: es el significado de otro planeta cuyos recovecos y secretos permanecen vedados a los varones. Mal que bien el homosexual se está integrando, comienza a prescindir de la simulación y se sienta en la mesa de los Consejos de Ministros. Las lesbianas sois los nuevos judíos: estáis ahí pero procuráis pasar desapercibidas. Mis congéneres sexuales hasta pueden desear a un travestido o transexual, pero se ponen de los nervios ante una mujer lesbiana, liberada de mitos fálicos. Es más: un hombre cultivado, inteligente, culto y liberal, acepta los devaneos de su esposa con otros varones, o su huida en brazos de un galán competidor. Hasta es posible que lo asuma con la elegancia que se espera del caballero que no alcanza la victoria en un deporte. Pero que tu mujer se vaya con otra, se enamore de otra, eso no, eso jamás. El ego masculino queda extrañamente triturado y no existe peor dolor que el que no se comprende. Vosotras entendéis otras maneras de reclinar el afecto y hasta la pasión; el hombre puede convivir con la homosexualidad porque a la postre todo queda en casa, y una sexualidad dominante y totalizadora queda preservada; pero el amor entre mujeres, del que siempre se sospecha ominosamente doblado de feminismo puro y duro, se percibe como una absoluta exclusión, zona prohibida al mundo de los machos incluso para curiosear, amenaza latente, territorio desconocido poblado de acechanzas y temores milenarios a la definitiva pérdida de la identidad. De ti, mi adorada Empar, mujer fuerte y sensata, incluso maternal, que no has trocado ningún papel, que continúas siendo tan femenina en todo lo bueno que te aportan tus ovarios, y tan alejada de cualquier cultura machista, me sigue enamoriscando la gran compasión con la que contemplas el incomprensible azacaneo del género humano. Pareciera que desde una tarima contemplaras sin entender el ir y venir de un hormiguero, pero siempre cuidadosa de no pisotear alguna hormiga. Vivir, dejar vivir y, sobre todo, ayudar a vivir. No en balde Empar es Amparo en catalán. Siendo feminista y lesbiana, pudiendo reclamar airada tanto para el legítimo ejercicio de tu personalidad, tienes en cambio palabras amables sobre la carrera de obstáculos y confusiones de la condición masculina en este fin de siglo. Tal como cuando hacías política a tiempo completo no advertí en ti rencor social, no veo en tu lesbianismo otra cosa que una amorosa inclinación, absolutamente exenta de cualquier vindicación antimasculina, que no antimachista. Para alcanzarte, en tantas cosas, llego tarde. Como mucho, para un verano de Tánger como Paul Bowles junto a Debra Winger. Pero no son estas horas de que ambos mudemos de querencias. Eso sí: de existir la reencarnación y poder optar, elijo ser mujer y lesbiana para poder vivir contigo alguna historia de amor.