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MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

viernes

ENTENDER LA ORIENTACIÓN SEXUAL

EL DESEO ES EL DESEO DEL OTRO
.
ELEANOR J.BALDER.
..
Creí que íbamos a ser amigas siempre. Aunque ella y yo nunca nos habíamos movido más allá de los límites del amor platónico, siempre estábamos juntas. Nos abrazábamos mutuamente de modo afectuoso y nos ocupábamos con frecuencia en una conspiración de palabras susurradas, risas a mandíbula batiente y miradas íntimas. Nos reíamos de nuestros enamoramientos, nos contábamos cosas de las mujeres con las que dormíamos y compartíamos las fantasías de chica-conoce-chica que consumían nuestras pasiones.
Más tarde encontré un hombre y empecé a enamorarme de él. Sin haberlo hablado nunca, mi amiga y yo empezamos a separarnos, ella hacia la comunidad feminista lesbiana con la que había coqueteado hasta entonces, y yo hacia el hombre con el que finalmente me casaría. Hace 13 años de esto. He oído luego que se fue a otro estado y vive con su amante desde hace más de una década. A través de rumores, he oído que tiene éxito y es feliz. También sé, gracias a amigas mutuas, que cree que violé ciertos preceptos básicos de lealtad y honor cuando escogí un hombre antes que una mujer, la heterosexualidad por encima del lesbianismo.
A pesar del paso del tiempo, no he aceptado completamente esa separación y me sorprende continuamente su aparición periódica en mis ensoñaciones. Dado que ya no nos hablamos, a veces me pregunto sobre su vida, sobre su día a día pero, extrañamente, no hago nada por encontrarla. Por una parte, echo de menos su estilo, su gracia y su humor. Pero por la otra, estoy enfadada con lo que considero su traición a nuestra amistad, furiosa de que su definición estrecha de la conducta sexual aceptable cerrara las puertas a nuestra relación. Porque, después de todo, ¿de qué va la lucha si no es sobre la libertad de amar a quien queramos, tanto en público como en privado? Más allá de hetero u homosexual: entender la orientación sexual, de Jan Clausen, el libro número 28 de la serie de Chelsea House en temas gay y lésbicos, es una mirada sorprendida a los debates actuales alrededor de la identidad sexual. Se exploran los límites fijos y permeables que rodean a la orientación sexual y el examen en diversas culturas de los comportamientos y expectativas sexuales es el punto de partida para el análisis. Completo y conciso, aunque a veces un poco denso, el libro pregunta cuestiones esenciales:
¿Es la orientación sexual una característica innata, o se desarrolla de algún modo en la personalidad?
¿Es una característica inmutable, o es posible que cambie con el tiempo?
¿Está presente en todas las culturas, incluso en aquellas que aparentemente organizan la sexualidad de forma muy diferente a la nuestra, o es simplemente el modo en que ciertas sociedades (especialmente las occidentales urbanas) piensan actualmente sobre la identidad sexual?
Clausen describe abiertamente su propio movimiento entre las comunidades "lésbica" y "hetero" y finalmente llega a la conclusión que, del mismo modo que los expertos no pueden "acabar con la crisis política causada por los prejuicios y las relaciones de poder injustas, tampoco pueden decirnos cómo conecta el deseo con la identidad. No pueden decirnos qué deseamos, qué quieren decir nuestros deseos, cuáles son reales o auténticos, si actuar (y cómo) respecto a ellos, si cambiarán en el futuro ni cómo pasar de los deseos y comportamientos a las descripciones de nosotros mismos"
No obstante, a pesar de esta falta de conocimiento, mucha gente está gritando, y sus palabras y hechos tienen implicaciones dramáticas para aquellos que luchan por crear un clima que tolere el inconformismo respecto al género. Están los esencialistas, gente a la que Clausen define como los que creen "que existe alguna característica central definitoria de los homosexuales que es la misma en todos los sitios y en todas las épocas" y los constructivistas sociales, que creen que la sexualidad es "un fenómeno fluido y cambiante, definido por contextos sociales que establecen no sólo el sentido sino la textura misma de lo que llamamos experiencia, incluyendo la experiencia de nuestros cuerpos".
La comunidad científica también habla mucho, y eminentes investigadores continúan buscando hormonas gay, diferencias en el cerebro o genes, que expliquen comportamientos y deseos. "A uno le queda la impresión de que los factores biológicos tienen algo (pero no todo) que ver con al menos algunos casos de la homosexualidad masculina", escribe Clausen. "No obstante, este conocimiento no tiene ningún valor para ayudar a predecir o explicar la orientación de individuos concretos. Aunque sugiere que quizá los seres humanos no empiecen sus vidas exactamente como páginas en blanco, no dice casi nada del proceso por el cual lo que sea que está escrito en nuestra página empieza a convertirse en el complejo fenómeno que llamamos sexualidad. En otras palabras, no proporciona una explicación causal". Es más, Clausen observa astutamente que la investigación científica actual "trata a la homosexualidad, y no a la heterosexualidad o la bisexualidad, como el fenómeno que necesita explicaciónLa investigación continúa centrada en sugerir que el comportamiento hetero es la vara de medir por la que debe juzgarse cualquier otro comportamiento"
Lo absurdo de esta medición se explicita en el capítulo más interesante del libro, "Cuerpos y significados a través de las culturas". En él, Clausen ofrece ejemplos de la variación cultural respecto a lo sexualmente correcto. Por ejemplo, en la Grecia antigua, "la satisfacción sexual de las mujeres era considerada apropiada sólo para las cortesanas, que podían, si así lo deseaban, tener acceso tanto a hombres como a mujeres". De forma similar, se fomentaba que los ciudadanos griegos (por definición hombres no esclavos) tuvieran relaciones con jóvenes que aún no hubieran alcanzado la edad de la ciudadanía. "Se esperaba que tales relaciones coexistieran con el matrimonio del amante mayor; el joven, en su momento, se casaría probablemente con una mujer y tomaría su propio amante masculino joven", escribe Clausen.
En la vida más contemporánea, ciertas culturas melanesias esperan actividad sexual entre hombres mayores y jóvenes puesto que se cree que la masculinidad se adquiere vía la ingestión de semen. Y en Surinam, "las mujeres conocidas como mati o matisma tienen relaciones sexuales con otras mujeres pero pueden simultáneamente o posteriormente mantener relaciones con hombre de los que con frecuencia tienen niños. Las parejas del mismo sexo son con frecuencia intergeneracionales, y la mujer mayor extrae devoción incondicional" de la más joven a cambio de su atención, regalos y educación.
"La falta de interés con la que muchas culturas tratan la elección de objeto sexual debería llevarnos a sospechar de la obsesión euroamericana con esa particular dimensión del deseo y el comportamiento" concluye Clausen. "Las orientaciones de la gente pueden cambiar, y así lo hacen, lo cual no quiere decir que pueda cambiar la de cualquiera, que la gente cambie a voluntad o que haya ningún valor positivo en el hecho de cambiar ni en el de no cambiar…". En las poéticas palabras de la escritora chicana lesbiana Gloria Andaldua, "la identidad es un río".
Realmente, al cambiar mi propia identidad de encarnación en encarnación, una variedad de gente ha ido y ha venido, y sin embargo el "misterio del deseo" ha hecho que las cosas fueran interesantes. Mi antigua amiga continúa invadiendo mis pensamientos, y yo sigo debatiendo si ponerme en contacto con ella o no. Por ahora, estoy contenta con mantener esa puerta concreta cerrada. Pero, ¿quién sabe? Mañana será otro día y puede que lo sienta de diferente manera.