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jueves

EDUCAR CONTRA EL MIEDO


El Magistrado-Juez Fernando Grande-Marlaska y el Presidente de la Asociación de Ex-Presos Sociales Antoni Ruiz, en una de las jornadas de sensibilización educativa organizadas por nuestro instituto con motivo del Día Internacional contra la homofobia y la transfobia

Como sabemos, para la mayoría de los jóvenes la adolescencia constituye un periodo difícil por los cambios y tensiones que habitualmente comporta el tránsito hacia la vida adulta. Una etapa, especialmente complicada, para los estudiantes homosexuales y transexuales, que deberán enfrentar - en la mayor parte de los casos - en el silencio más absoluto, el descubrimiento de su condición sexual en entornos dominados por el prejuicio y el miedo.

Del mismo modo que se reconoce la importancia de nuestro país al contar con una de las legislaciones más avanzadas en protección de derechos LGBTI, también debemos denunciar el déficit democrático y la incongruencia que supone la pervivencia de un anquilosado sistema educativo que niega esta realidad en el ámbito de su competencia.

A las autoridades educativas hay que recordarles que los adolescentes LGBTI también existen. Y que están hoy tan invisibilizados y desprotegidos como sus iguales de anteriores generaciones. La muerte del joven trans Alan, el suicidio de Diego - un niño de once años que estudiaba en un colegio religioso - y el incremento durante el último año de agresiones a jóvenes homosexuales, son una muestra lacerante de cómo los Derechos Humanos se vulneran sistemáticamente en ámbitos educativos que señalan protegerlos y promocionarlos.

Diversas investigaciones llevadas a cabo, en los últimos años, por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) ponen de manifiesto no solo la especial vulnerabilidad con la que viven su condición sexual los adolescentes homosexuales, bisexuales y transexuales, también la de los jóvenes que se atreven a romper con los rígidos roles de género normativos.

Estos son algunos de los testimonios que hemos podido leer en los citados informes:

Sufrí acoso escolar homofóbico desde los 6 a los 17 años. En el instituto pasé los peores años de mi vida”.

Recuerdo haber bajado a los baños de chicas y había en una de las puertas: Hay que matar a la secta de las lesbianas. Estaban mis iniciales puestas y las de mi novia”

Mi vida fuera de las cuatro paredes de mi cuarto ha sido un infierno; ningún heterosexual es capaz de imaginar lo difícil que es salir a la calle cada día y tener que defender tu orientación con la cabeza bien alta mientras la gente pretende hundirte en lo más hondo. En mi anterior colegio, esas 6 horas era una constante batalla de blasfemias contra mí”

Durante mucho tiempo quería arrancarme la piel porque tenía un sentimiento profundo de odio hacia mi mismo”

El peor momento fue cuando un niño del colegio (12 años), de un grupo que me estaba acosando, dijo: “Joder, cómo nos pasamos, si yo fuera él, me pegaba un tiro”

El profesorado casi siempre se mantenía al margen, y cuando intervenía te hacían sentirte culpable de no saber integrarte en la comunidad educativa”

Desgraciadamente voy a un colegio de jesuitas, donde la homofobia se respira todos los días en el ambiente. Especialmente por nuestro tutor, que es cura, que suele dedicar horas enteras alimentando tópicos sobre los homosexuales mediante indirectas”

Me cogieron entre tres personas, cuyos nombres y apellidos recuerdo perfectamente y me pusieron en medio del vestuario y todos los chicos de clase, no todos, algunos, 7 u 8, me empezaron a orinar encima, diciéndome: “Arturo es mariposo”, y a reírse. Pues recuerdo que del escándalo que se formó, de que la gente se estaba riendo y tal, el profesor entró y vio lo que estaba pasando y se fue”

Era una necesidad de liberación absoluta y, entonces, pues yo me imaginaba las mil y una formas de suicidarme”

Y entonces me decía: la única solución que hay para dejar de sufrir es el suicidio. Digo: dejo de sufrir yo y deja de sufrir mi familia, y en el colegio les dejo tranquilos porque no tienen un maricón”

La homofobia genera en pleno Siglo XXI, y en un preconizado sistema de libertades, el secuestro emocional de jóvenes que se ven obligados a ocultar su condición sexual. Los adolescentes son gregarios por naturaleza; ninguno quiere sentirse distinto al grupo, y menos por una causa que le puede convertir en chivo expiatorio de la insidia de sus iguales. La orientación sexual y la identidad de género, no son una opción, son una condición. El hostigamiento a los menores homosexuales y transexuales persiste en nuestras escuelas.  A veces, mediante el acoso consentido; algunos docentes refieren que esto siempre ha pasado, que son cosas de la edad y que no tiene mayor importancia. En otros casos - habitualmente en colegios de ideario religioso - a través de la negación y demonización identitaria. La homofobia no se elimina mirando hacia otro lado, es necesaria la implicación efectiva de alumnos, familias y profesorado para erradicarla.

Así lo entendió la comunidad educativa del IES Duque de Rivas, de Rivas Vaciamadrid, que puso en marcha en 2005, con el apoyo expreso del AMPA, un proyecto de lucha contra la homofobia en el centro escolar. La Tutoría de Atención a la Diversidad Sexual y de Género (también llamada Tutoría LGBTI+H) nació para dar respuesta a la demanda invisibilizada de adolescentes homosexuales y transexuales, que veían un día sí y otro también, su dignidad vilipendiada cada vez que un estudiante denigraba a otro con el consabido insulto. Once años de trabajo han dado sus frutos. El instituto es hoy un referente de innovación educativa en la convivencia, cuenta con distintos reconocimientos como el que le otorgó hace unos meses la Organización de Estados Iberoamericanos por la promoción de los Derechos Humanos, y es, sobre todo, un espacio mucho más seguro para los estudiantes y profesores que deciden expresar su afectividad libremente.

La tutoría trabaja en tres vertientes:
  • Atención a adolescentes LGBTI y sus familias. Ofrece recursos educativos que ayudan a resolver las dudas que se puedan plantear. Así mismo se facilita, a los estudiantes que lo demanden, información rigurosa, precisa y veraz sobre Diversidad Sexual y de Género. También, herramientas para que aprendan a desarrollar una correcta socialización, a través de un trabajo de acompañamiento y asesoría (Counselling)
  • Atención al profesorado. Se informa sobre los materiales educativos que pueden utilizar para introducir transversalmente, si lo consideran oportuno, estos contenidos en sus respectivas clases y se les invita a participar en la organización de las actividades de sensibilización programadas a lo largo del curso escolar. Se pone un especial énfasis en el protocolo que se ha de seguir cuando en el aula hay un alumno transexual para que éste se sienta plenamente integrado en la vida del instituto, reconociéndole en todos los actos académicos por su sexo sentido.
  • Campañas de concienciación escolar sobre los perniciosos efectos de la homofobia a edades tan tempranas que permitan eliminar prejuicios y desterrar los comportamientos discriminatorios. Se organizan charlas, talleres y conferencias que se imparten en todos los cursos de un mismo nivel formativo, de acuerdo con el grado de madurez del alumnado y las necesidades detectadas. A través de la página web del instituto se da público conocimiento de las mismas. .
    Una charla resultará eficaz si cumple al menos dos de las siguientes premisas:
  • Que sea creíble
  • Que cubra necesidades detectadas o implícitas
  • Que genere expectativas de cambio o transformación personal.
El proyecto educativo trata de dar simplicidad a las actividades que se organizan. Se intenta captar la atención de los estudiantes a través de las llamadas “historias de vida”. Activistas LGBTI y profesionales del ámbito la cultura y de la salud acuden cada curso a la llamada del IES Duque de Rivas para transmitir los valores ciudadanos que promueven la convivencia.
La Educación en la Diversidad Sexual y de Género es la mejor vacuna contra la homofobia y debería introducirse en todas las etapas del currículo escolar, de acuerdo con el nivel de maduración de los propios estudiantes, tal como se hace con otras disciplinas. El prejuicio y el miedo alimentan la sinrazón. Los alumnos llegan, en general, muy prejuiciados a la Educación Secundaria, y ya sabemos que eliminar un prejuicio es mucho más difícil que mover una presa de hormigón. Esta situación evidencia, al menos en parte, que nuestras escuelas no se acomodan con sus planes formativos a las demandas reales de un alumnado que se desarrolla también en ambientes diversos, con nuevos modelos de familia distintos al tradicional, y que exige de la Administración Educativa el reconocimiento de su especificidad y una especial protección, por ser también los más vulnerables.

El periodista Leopoldo Alas Mínguez decía que “lo peor de todo es el miedo. Nos convierte en cómplices, cobardes y sumisos. El miedo no nos deja vivir”.
Los profesores tenemos una responsabilidad compartida por lo que hacemos y por lo que dejamos de hacer en nuestras escuelas. Si queremos construir una sociedad más democrática y respetuosa con los hechos diferenciales, se hace necesario tomar clara conciencia de aquellas ideas limitantes que alimentan el prejuicio social, y que generan un gran sufrimiento en niños y adolescentes que nada pueden hacer por cambiar su esencia identitaria.

A partir del próximo curso, el proyecto que sustenta la Tutoría LGBTI+H se pondrá en marcha de forma conjunta en siete institutos de la Comunidad de Madrid.

Romper con las cadenas del miedo, dar visibilidad y dignificar la vida de cuantos sufren por su condición sexual tiene que ser el argumento prioritario para acabar con una larga tradición de condena.

José Joaquín Álvarez de la Roza
Tutoría de Atención a la Diversidad Sexual y de Género
IES Duque de Rivas.