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lunes

LGBTFOBIA EN LA ESCUELA



Con motivo del 17 de mayo, Jornada Mundial contra la LGBTFOBIA, el periódico ESCUELA nos ha planteado algunas preguntas que reproducimos en este espacio.

PABLO GARCÍA - ESCUELA

¿Cuál es la situación del colectivo LGTB en las aulas?

Los alumnos LGBTI están totalmente invisibilizados. De hecho, el colectivo como tal, no existe en el entorno escolar. Y al no existir, no se entiende la necesidad acuciante de empoderamiento que estos alumnos tienen. Resulta paradójico porque como educadores deberíamos conocer la enorme vulnerabilidad a la que están expuestos. Los jóvenes homosexuales viven un espantoso silencio. Un silencio forzado por el odio, el perjuicio y la discriminación. Una situación de estigmatización institucionalizada a la que no se quiere hacer frente. La realidad es bastante parecida a la que vivían hace 40 años las mujeres que sufrían maltrato; hoy todos nos posicionamos en contra de la violencia de género, pero hace no tantos años ésta pasaba inadvertida para el conjunto de la sociedad; era un tema tabú que habitualmente no traspasaba el ámbito conyugal. Decía un filósofo alemán: “Las verdades, primero se las niega; después, se las combate, y al final, todo el mundo dice haberlas defendido”. El muro de silencio que genera el heterosexismo fagotiza a las sexualidades minoritarias. Y a esto hay que añadir el secuestro emocional, la intimidación, el aislamiento y el acoso atroz que habitualmente sufren los jóvenes LGBTI en el entorno educativo. Hay que decirlo con claridad y rotundidad: Los adolescentes homosexuales, bisexuales y transexuales constituyen, hoy por hoy, el flanco más débil del Sistema Educativo y en nuestros institutos, en pleno Siglo XXI, se siguen conculcando derechos esenciales entre el alumnado sin que de momento las autoridades educativas hagan nada por evitarlo. El miedo, la desidia y la falta de información sobre esta casuística, provoca daños irreparables en las víctimas de la violencia homófoba. Cada año, decenas de alumnos homosexuales y transexuales se suicidan ante la mirada impasible de la Administración. Un drama, que habitualmente no trasciende a los medios de comunicación, porque se quiere evitar así el efecto llamada que pueda tener entre los más jóvenes la ideación del suicidio. La Comunidad Educativa no puede seguir mirando hacia otro lado, tiene que sentir la carga de responsabilidad que supone el NO ACTUAR.

¿Ha mejorado o empeorado en los últimos años? 

Aunque los datos del último estudio realizado en 2012 por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) sobre el impacto de la homofobia en el entorno educativo son espeluznantes (el 43 % de quienes sufren acoso homofóbico se plantean el suicidio, sólo el 19 % de los alumnos perseguidos recibieron ayuda del profesorado y el 82 % de las víctimas no informaron a sus familias, sin duda por el estigma y la vergüenza que el tema conlleva), debemos valorar positivamente el avance social que ha supuesto la promulgación, hace dos legislaturas, de las llamadas Leyes de la Igualdad en la conquista de derechos ciudadanos (que, como sabemos, no se consolidan nunca) con el consiguiente efecto pedagógico en la vida de los centros. Esta circunstancia ha permitido que en los últimos cursos se hayan podido llevar a cabo algunas iniciativas de prevención del bullying homofóbico y de Educación en la Diversidad Afectivo Sexual en un creciente número de institutos de Educación Secundaria.

Desde hace una década, en tu centro hacéis un trabajo muy sistemático para prevenir la homofobia y la transfobia, ¿de dónde nace la necesidad de organizarlo?

Del convencimiento de que somos nosotros, los educadores, los principales obligados a transformar los comportamientos antisociales que atentan contra la dignidad humana. Cambiar las leyes es siempre mucho más fácil que las pautas culturales. A lo largo de la historia, la homofobia y la transfobia han dejado lastradas muchas vidas por la injusta creencia de que sólo la heterosexualidad era aceptable. A nosotros nos corresponde hacer efectivo el principio de igualdad recogido en el artículo 14 de nuestra Constitución posibilitando que todos los alumnos, sin excepción, puedan crecer libremente. Como decía Jonh Stuart Mill: “La naturaleza humana no es una máquina que se construya según un modelo y dispuesta a hacer un trabajo que le sea prescrito, sino un árbol que necesita desarrollarse por todos lados, según tendencias de sus fuerzas interiores, que hacen de él una cosa viva” 

Entendiendo que la adolescencia es un momento clave, ¿falta trabajo en Primaria sobre identidades alternativas? 

Efectivamente, la Educación debería ser entendida como un continuo. Si determinados aspectos del currículo escolar no son trabajados suficientemente en la educación primaria, este déficit va a condicionar el aprendizaje en etapas posteriores. No podemos olvidar, que educamos con lo que enseñamos pero también con lo que ocultamos; es el llamado currículo oculto: un sistema de normas, costumbres y creencias, que en el caso que nos ocupa, condiciona negativamente el desarrollo emocional y psicoafectivo del alumnado, en la medida en que a través de estos aprendizajes se transmiten, por ejemplo, los estereotipos de género. El silencio nos convierte en cómplices de la ignorancia, la ignominia, la discriminación, el heterosexismo y las desigualdades, que sufren no sólo homosexuales y transexuales sino también cualquier persona que no responda a las expectativas de género más convencionales. Es importante que el profesorado de educación primaria tome conciencia de esta realidad y demande una formación en DAS que le permita desmontar estereotipos, eliminar miedos y facilitar, en definitiva, la vida de cuantos sufren por su condición sexual. Siempre será mejor formar mentes abiertas y respetuosas desde la infancia que reestructurar conocimientos en la adolescencia.

¿Qué pasa con los docentes? Tienen un papel fundamental, pero parecen carecer de formación (inicial y continua). Según leo en algunos estudios, también hay una cierta minusvaloración del problema, de la dificultad de la situación por la que pasan muchas chicas y chicos. 

Como bien señalas, la mayor parte de los docentes no hemos recibido formación inicial en Diversidad Afectivo Sexual. Algunas centrales sindicales, colectivos LGBTI y centros de profesores han posibilitado, en los últimos años, la realización de cursos específicos de formación permanente que han tenido un irregular seguimiento. Esta situación genera que un significado número de profesores no vea la importancia de trabajar la DAS en el centro educativo. Hay un común denominador que identifica el sentimiento de soledad y de confusión sentimental por el que pasan muchos adolescentes LGBTI, y de adolescencia perdida entre los que tienen mayor edad. La sexualidad en general, y la diversidad afectivo sexual en particular, siguen siendo las eternas asignaturas pendientes del Sistema Educativo. Si queremos superar, de una vez por todas, esta tradición de condena, se hace necesario implementar, en todos los niveles formativos, una educación libre de dogmatismos que permita valorar la dimensión humana de la sexualidad en toda su diversidad. De igual modo, se debe fomentar el respeto a los derechos fundamentales y libertades básicos de gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y asexuales, así como la valoración crítica de las desigualdades que permitan superar los comportamientos sexistas y homófobos. Así mismo, se debe sensibilizar a toda la Comunidad Educativa para identificar, prevenir y abordar el maltrato específico por razón de orientación sexual o identidad de género en el entorno escolar. Y en último término, y no por ello menos importante, se deben poner en marcha programas específicos de formación docente en las Universidades y Centros de Profesores que posibiliten una educación más inclusiva y respetuosa con la diversidad. En el mundo occidental el índice de suicidios en adolescentes LGBTI es tres veces superior que entre jóvenes heterosexuales y no varía sustancialmente entre países con similares características socioeconómicas. En España, la homofobia campa a sus anchas en la educación secundaria y primaria. Está generalizada e invisibilizada en la mayor parte de los centros escolares. El Sistema Educativo no está dando una respuesta adecuada para combatirla. Esta lacra provoca fracaso escolar, baja autoestima, conductas autodestructivas y otros daños psicológicos en las víctimas, condicionando negativamente y durante muchos años, su desarrollo psicosocial y afectivo. Como señala el preámbulo de la LOE: “una buena educación es la mayor riqueza y el principal recurso de un país y de sus ciudadanos… es necesario atender a la diversidad del alumnado y contribuir de manera equitativa a los nuevos retos y las dificultades que esa diversidad genera

¿Cuál es la situación del colectivo LGBTI que es docente? 

De absoluta invisibilidad. La mayor parte de los docentes LGBTI temen convertirse, igualmente, en víctimas del acoso en el entorno laboral.