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POESÍA

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RECOMENDACIONES ONU

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homofobia escolar

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CORTO

homofobia

* IMPRESCINDIBLE BENEDETTI *

* MARIO ALONSO PUIG: "LA FELICIDAD ES DESCUBRIR EN LA VIDA EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA" *

MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

sábado

FÁBULA DE LA GALLINA Y EL ÁGUILA

En una antigua tribu india, un viejo chamán envió a las altas montañas a un joven introvertido llamado Keya con el encargo de buscar un nido de águilas. No debía regresar hasta que pudiese volver con un huevo de águila. El chamán sabía que Keya era un joven inteligente y que tenía un gran corazón, pero por algún motivo era algo distinto, y los demás se burlaban de él. Keya había ido perdiendo su confianza y en muchas ocasiones no se atrevía a hacer las cosas que los demás hacían. Se preocupaba demasiado por lo que los otros pudiesen pensar y esos miedos lo paralizaban.
Tras varios días de búsqueda, por fin Keya encontró un nido de águilas y pudo hacerse con el huevo que le había ordenado buscar el chamán.
Tras su regreso, el sabio chamán puso el huevo en el corral para que una gallina lo incubase con los demás huevos. En pocos días, los huevos se abrieron, pero el águila estaba rodeada de pequeños pollitos y obviamente creyó que era un pollito más. Pronto, por su aspecto diferente, los demás pollitos comenzaron a burlarse de ella; los pollitos eran preciosos y movían con gracia y rapidez, y el águila, convencida de ser un pollito, se sentía fea y torpe. Las burlas eran constantes, lo que hizo mella en su confianza y que creciera llena de inseguridades, pensando que no era lo suficientemente buena e inteligente, que no era como los demás. No se sentía integrada ni aceptada.
El águila comenzó a crecer y cada vez fue más fuerte y esbelta, pero las ya crecidas gallinas seguían despreciándola por ser diferente, por no ser como las demás. El águila seguía picoteando el suelo, comiendo y comportándose como siempre habían hecho ellas. Era lo que había aprendido y ésa era su realidad.
La insatisfacción y el vacío seguían creciendo en su interior. Sentía que le faltaba algo, que su destino no podía ser pasarse la vida picoteando el suelo en aquel pequeño corral. Sentía que tenía que haber algo más.
El chamán mostró el comportamiento del águila al joven Keya, el cual sufría al ver a la majestuosa águila picoteando el suelo como una gallina. Fue él quien trajo aquel huevo, sus almas estaban unidas, por ello se sentía identificado con el águila.
Pero un día, una extraordinaria águila sobrevoló una y otra vez el poblado. Las gallinas corrieron despavoridas a esconderse. Sin embargo, la joven águila quedó inmóvil, magnetizada al ver aquel maravilloso ser volando y surcando los cielos con majestuosidad. Las demás gallinas le gritaron sin cesar que se escondiera, pero ella permaneció inmóvil ante el momento más conmovedor de su vida.
Entonces, aquella extraordinaria águila desapareció de los cielos y la joven águila comenzó a gritar: “¡Yo quiero hacer eso, yo quiero volar, tengo que intentarlo, yo quiero volar!”. En ese momento, pasado el peligro, todas las gallinas salieron de su escondite y comenzaron a reírse y a burlarse diciéndole: “Pero si tú eres una gallina, no te hagas ilusiones, tú no puedes volar, ¿es que crees que tú eres especial, te crees mejor que nosotras? Deja de soñar y pon los pies en el suelo”.    
El águila se resignó, agachó la cabeza y dejó que los demás le robaran sus sueños. No obstante, algo ocurrió en su interior. El chamán observó todo lo sucedido junto con el joven indio, que sufría al ver al águila así.
Entonces, el chamán le dijo a Keya: "Ha llegado la hora". Entró en el corral, puso una capucha al águila, la tomó en sus brazos y comenzó a caminar junto al joven.
Tras varias horas de largo camino, ambos llegaron a un conocido y respetado lugar por la tribu. Era el lugar en donde se descubría el verdadero valor de los guerreros, un impresionante acantilado con las profundas aguas de un río al fondo. Eran muy pocos los que se atrevían a realizar el peligroso salto y no todos lo habían logrado.
Se sentaron al borde del impresionante acantilado, las vistas eran espectaculares, era como estar sentado a la entrada del cielo. En ese momento, el chamán puso el águila, aún encapuchada, en manos de Keya.
-Tú y esta águila estáis unidos en el alma, los dos sois muy especiales, ambos habéis sufrido el mismo mal, los dos habéis escuchado las mismas cosas durante demasiado tiempo, os han atado las alas, han encadenado vuestras esperanzas e ilusiones, os han querido robar vuestros sueños. Hasta ahora, tú has vivido preocupado e influenciado por las opiniones de los demás. A ambos os han inculcado miedo y limitaciones irreales, si bien ambos teníais la grandeza en vuestro interior, el potencial y la capacidad para liberaros de las cadenas de las dudas y volar libres de miedos hacia un nuevo y glorioso horizonte.
"Para ambos ha llegao la hora de dar el salto de la liberación, el momento de romper las cadenas de todos los miedos y volar libres"
Nunca antes Keya se había acercado al acantilado. Había escuchado muchas historias al respecto y sabía que eran muy pocos los que se aventuraban a dar el gran salto. Aquellos que lo lograban eran considerados héroes y grandes guerreros por su valentía, y eran admirados y respetados por todos.
-Ahora quiero que te pongas en pie, yo quitaré la capucha al águila y en ese momento darás un salto y soltarás al águila al mismo tiempo. Vuestras almas se unirán en ese instante y los dos volaréis libres para siempre.
Keya sintió algo muy especial. Sintió que era su momento. Las palabras del chamán encendieron algo en su interior. Confió plenamente en él, se puso en pie, con el alma en un puño y el corazón latiendo como jamás antes lo había hecho, respiró profundamente, elevó el águila en sus manos y dio el paso más importante de su vida. Saltó gritando en una especie de liberación, empujando al águila hacia el cielo, y mientras Keya volaba hacia su libertad pudo ver cómo el águila, al mismo tiempo, batía sus majestuosas alas volando por primera vez.
Keya cayó a las profundas aguas limpiamente y, al emerger a la superficie, lanzó un grito que atravesó todos los valles: el grito de la libertad y la liberación de todos los miedos. Sus límites y sus falsas creencias quedaron en el fondo del río. En ese momento dejó de ser el joven inseguro para convertirse en un gran hombre que atravesó la barrera de las dudas, los límites y los miedos. Se conquistó a sí mismo. Alzó la vista. Su pecho y el del águila se llenaron de orgullo y alegría, admirando a su alma gemela surcar el cielo, convirtiendo ambos su sueño en realidad.