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¡LA VIDA ES ESTO!

JOSE IGNACIO DÍAZ CARVAJAL - MÉDICO PSICOTERAPEUTA - SEVILLA
No siempre estamos muy conformes con la vida y la vivimos con pesimismo, pensando en la cantidad de sinsabores, de dolor, de sufrimiento, que contiene. A veces son las enfermedades, otras, las pérdidas, los desengaños y abandonos afectivos; las noticias de catástrofes que afectan a miles de personas; los conflictos con nuestra pareja; la frustración por no conseguir determinados objetivos; la falta de sentido, la sensación de vacío interior... Ésta es la cara negativa, pero la vida siempre tiene otra cara y tenemos que esforzarnos por encontrarla, para vivirla. Por que, insisto, siempre está ahí. Vivir un pequeño logro que nos hace ilusionarnos, conseguir disolver un conflicto con quien queremos,contemplar la belleza de las cosas y sentir nuestra propia presencia en el mundo. Es verdad que la felicidad no suele ser un estado emocional muy duradero, pero tampoco tiene que serlo la infelicidad. Estamos continuamente intentando corregir nuestros estados emocionales, buscando huir de los que son negativos: la angustia, el dolor, la rabia, la inseguridad, el vacío, la soledad. Pero nos empeñamos en negarlos o en querer darles la vuelta, cuando lo primero es vivirlos, aceptarlos, para así poder ir cambiándolos en el “aquí y ahora”. Es muy importante vivir el presente como el único momento real. El pasado ya ocurrió y no se puede modificar. El futuro no existe todavía. Y aunque podemos arrepentirnos de algo realizado, o temer algo por venir, no hay que darle a eso más peso que el necesario, para aprender del pasado y preparar buenamente el futuro. Nos tenemos que quedar viviendo en el presente, en el instante real en el que estamos. Eso permite dejar de amargarse por lo que no está, ni es. ¡Cuantas veces nos hemos agobiado por una posibilidad futura que nunca ocurrió! ¡Cuantas veces nos hemos mortificado inútilmente por cosas que sucedieron y que no podemos transformar! Por supuesto podemos intentar reparar las cosas que hicimos mal, pero no sirve lamentarse o culparse. Por otro lado podemos preparar el futuro, pero no estar asustados con fantasmas y temores que no han sucedido. El que vive angustiado por la muerte, no puede vivir el momento presente, aunque sea maravilloso. Busquemos la plenitud de cada momento; vivámoslo intensamente, con pasión. Para que cada día cuente. Que nos podamos sentir orgullosos de ese día a día, aunque no pase nada extraordinario. Por que la vida se vive en las pequeñas cosas, en los encuentros aparentemente banales, en las comidas, en los trabajos rutinarios, en las tareas domésticas...pero todo ello se puede vivir con un sentido de aceptación, buscándole su lado positivo y a veces precioso. Si vivimos las cosas en el presente, se hacen nuevas cada vez. ¡Podemos contemplar a nuestra pareja con los ojos del primer día, o la ciudad en la que vivimos con ojos de descubrimiento; mirar nuestra casa observando los detalles, o nuestro trabajo, como si fuéramos de otra profesión. La cuestión es poder ver, sentir, percibir lo que hacemos con intensidad y sin tenerlo tapado por el velo del aburrimiento, de la monotonía. La vida siempre cambia...y, si queremos, no tiene porque aburrirnos nunca. Exige despertar de nuestro periódico letargo, de nuestro acostumbramiento perceptivo, para descubrir que lo que tenemos entre manos no es tan conocido, tan vivido como creemos. Y que a partir de lo que vivimos podemos seguir creciendo, aprendiendo. ¿Cuantas veces no pasa que vemos una película que creemos muy vista y descubrimos montones de escenas, de situaciones, de diálogos, desconocidos? Pues así es la vida. Es siempre más rica de lo que nos parece. Y hay que descubrirla, desvelarla. Con una actitud de intentar encontrar motivos de ilusión, de placer, de disfrute, o de paz. Me viene al recuerdo la película “La vida es bella” de Roberto Begnini, en la que un padre, en la situación más extrema, hace, a su hijo, vivir la vida con ilusión. O el testimonio de Randy Pausch, en su libro “La última lección”, en el que sabiendo que va a morir, nos trasmite la importancia de vivir intensamente y disfrutando, con pasión, hasta el final.