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* MARIO ALONSO PUIG: "LA FELICIDAD ES DESCUBRIR EN LA VIDA EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA" *

MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

domingo

HISTORIAS DE TUTORÍA 9

Soy una chica de 17 años que hace relativamente poco que se considera lesbiana. Hará dos años que empecé a tener dudas, y aunque ahora mismo no es que se hayan disipado por completo, sí que siento que lo tengo un poco más claro que meses atrás. El problema es que me cuesta mucho asumirlo. Me cuesta mucho aceptar que no soy heterosexual. Me miro al espejo y se me cae el mundo encima.
De hecho nunca he tenido ni novio ni novia, y esto también me influye en cuanto a mis dudas. De todas maneras, soy de las que piensa que no todo lo dice la práctica, y creo que puedo saber perfectamente si lo soy o no aunque no tenga experiencia alguna.

El problema de todo esto es que tratar de averiguar mi orientación sexual, y sentirme a gusto con ella, se está convirtiendo en el centro de mi mundo. Pienso en ello continuamente, a todas horas. Hasta hay momentos en que pienso “Vaya, ya hace unas horas que no he pensado en ello”. Supongo que asumir que se es lesbiana es eso, integrarlo como una parte más de ti, sin que tenga más importancia que las otras. Pero es que no lo consigo. A veces, tengo momentos en que se me hace evidente que soy lesbiana. Esa sensación apenas dura unos segundos, pero son suficientes para que se me llenen los ojos de lágrimas, o me eche a llorar si es que estoy sola.

Mis notas han bajado considerablemente. Y ya no sé si utilizo mi orientación sexual para justificarme a mi misma mis suspensos, o es que realmente soy una vaga. Cuando llega la época de exámenes me siento incapaz para estudiar, no puedo pensar en otra cosa que no sea mi orientación, y me da por escribir, leer, ver videos y películas sobre el tema. He llegado a pasarme muchas noches antes de un examen así. Y luego viene cuando me arrepiento de todo, y me digo a mi misma que no puedo permitir que mi orientación sexual dirija mis notas, pero vuelvo a caer el trimestre siguiente. (De hecho ahora mismo debería estar estudiando puesto que los exámenes finales son la semana que viene, pero no, aquí estoy escribiendo estas líneas). La verdad es que me siento impotente, de aquí a nada tengo que hacer la Selectividad, debería estudiar para intentar sacar la nota que necesito, pero no, lo único que quiero hacer ahora mismo es pensar sobre mi misma, sobre lo que siento y lo que haré a partir de ahora. Y eso de sacar la nota que necesito es un decir, porque ni siquiera la carrera que me despierta un poco de interés es suficiente incentivo para estudiar. Me gustaría aferrarme a ese objetivo y así estudiar y sacar buenas notas, pero tampoco lo consigo. De hecho no consigo tener ningún objetivo.

Sólo se lo he contado a una amiga y… fantástico: me escucha, da su opinión, me acompaña a charlas de una asociación gltb, etc. En el instituto no se sabe, por lo tanto no sufro ningún tipo de discriminación y con respecto a mis padres pues creo que lo aceptarían sin problemas, quizá mi madre con dificultades, pero sin problemas al fin y al cabo. Y entonces, al tener este panorama tan favorable es cuando me pregunto… ¿Por qué no estoy a gusto conmigo misma? ¿Por qué no logro integrarlo como una parte más de mí? No sé… he estado pensando mucho, intentado buscar culpables… Y la conclusión a la cual he llegada es que todo gira entorno mi falta de autoestima, mi rechazo a mi físico y a mi manera de ser incluso, me están influyendo mucho; y también claro está, el rechazo “camuflado” que siento hacia mis sentimientos y deseos homosexuales. Puedo reconocer sin demasiado pudor que me siento capaz de enamorarme de mujeres, pero sin embargo me da mucha vergüenza reconocerme a mi misma y a los demás que las puedo llegar a desear sexualmente.

Hay veces en que he estado muy deprimida, y hasta mi amiga me propuso la idea de ir a un psicólogo. Y… bueno, también querría pedirte la opinión sobre eso. No estoy segura si realmente lo necesito o no, y creo que ya se que me dirá. Que cuide mi autoestima, que conozca a gente homosexual o bisexual para que se reduzca mi rechazo, que me plantee metas y objetivos, que haga algo que realmente me apasione, etc. Y es más, tampoco me gusta la idea de ir a escondidas de mis padres.
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Querida Beatriz:
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He leído con atención tu escrito y la verdad es que me he quedado perplejo. No acierto a entender cómo una persona como Tú, con una excelente capacidad analítica, se complica la vida con algo tan personal como es “el derecho a la propia identidad”; a aceptarse y a evidenciarse como diferente. Te confieso que me siento un poco avergonzado al remitirte este texto, porque aunque ponga todo el empeño del mundo, sé que al final, no te sentirás satisfecha.
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Como sabes, etiquetar es reducir... y así hablamos con total desparpajo de heterosexuales, homosexuales, bisexuales y transexuales. Es injusto definir a las personas por su orientación sexual. Es obvio que todos somos iguales, pero también diferentes; no hay un ser humano igual a otro “sobre esta triste tierra oscura” que diría Goethe. Por otro lado, tienes la inmensa suerte de vivir en un país, donde homosexuales y transexuales hemos alcanzado la plena igualdad jurídica. Esto significa, más allá del derecho al matrimonio, que los poderes públicos, nos reconocen nuestro hecho diferencial desde la dignidad y el respeto.
Me cuentas que estás bloqueada ante la selectividad. Entiendo tu zozobra... y te pediría que realizaras un último esfuerzo por poner un paréntesis ante lo que percibes como “un problema” para abordarlo definitivamente, cuando hayas superado los exámenes.
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La próxima vez que te mires al espejo, intenta ver el universo que habita en tu interior: tu inteligencia, tu dominio del lenguaje, tu reflexión ponderada, tu extrema sensibilidad, tu discreción. Estoy convencido de que “hay mucha magia en tu interior”, y aunque no te conozca, sé que también eres guapa por fuera. La inteligencia es una herramienta muy poderosa, pero también puede ser especialmente dañina, si nos obsesionamos con objetivos difícilmente alcanzables.
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El entorno tiende a manipularnos, para que a cambio de “afectos”, seamos políticamente correctos. De este modo, nuestros sentimientos más personales quedan sepultados en “beneficio” de lo que se considera socialmente aceptable y así, nos convertimos en víctimas del heterosexismo y de la homofobia social.
Lo que no se ve, es como si no existiera... pero existe, está ahí, y tiene unas consecuencias desastrosas no sólo para homosexuales, sino también para heterosexuales, que se sienten constreñidos a no mostrar aquellas facetas que podrían cuestionar su identidad. Efectos emocionales negativos que generan ansiedad y una falta de acomodación personal.
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Coincido contigo en que no es necesario tener ninguna experiencia sexual para reconocerse como lesbiana. No te sientas una pardilla por no haber tenido aún relaciones sexuales. Lo importante es que cuando las tengas, las vivas plenamente, con total libertad y a poder ser al lado de la persona a la que ames.
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Beatriz, debes reaprender lo olvidado; recordar a la niña que fuiste y bucear en tu fuero más íntimo para superar el secuestro emocional que otros te han ocasionado. No permitas que nadie vulnere con su actitud, el derecho a ser tú misma y a vivir con tus propios ideales. Te sugiero que trabajes en una doble dirección: aprende a quererte un poco más e intenta superar tu homofobia interiorizada.
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La educación debe posibilitar construir ciudadanos cada vez más libres. Por ese motivo, me parece muy positivo, tu trabajo continuo de introspección personal, viendo películas y leyendo materiales sobre temática glbt. No estás en deuda con nadie. En todo caso, si existiera una deuda social, deberíamos todos, dirigir nuestros esfuerzos a mejorar aquello que reconocemos como negativo; aquello que nos embrutece, limita, encadena e impide crecer.
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Como contraposición a la vida sencilla que llevo, me encanta la gente inconformista como Tú. Gente luchadora, que intenta poner un poco de orden en su vida sin “molestar” demasiado a los demás. Entiendo tu actitud; desvela mucha generosidad, pero no la puedo compartir. Si actúas pasivamente, en función de lo que otros esperan de ti, te estás maltratando. El amor como la amistad, no puede entregarse de un modo coercitivo. Si para tener el respeto social necesitas ocultar tu verdadera identidad, te estás menospreciando. Y eso, termina pasando factura.
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Creo que a partir de un determinado momento, también tenemos la obligación de “educar” a nuestros padres. Recuerda, que fueron víctimas de una dictadura y de una sociedad gris, que no entendía de relaciones afectivas varias. Se merecen que una persona tan ilustrada como me pareces, les revierta con clarividencia un ideal de vida distinto al suyo, que se construye desde la coherencia y la sinceridad, y que se ha desarrollado al amparo de un educación que tiene sus luces, pero también muchas sombras. En algún lugar he leído que educar es sobre todo, evitar que los hijos vivan con tus prejuicios.
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Beatriz, me pareces encantadora. No necesitas ningún psicólogo; sólo evitar algunas obsesiones, reconocer algunas limitaciones, y abrirte a los demás para mostrarte tal cual eres: una persona genuina, con mucho que ofrecer, mucho por lo que luchar... y una vida por delante, para disfrutarla plenamente.
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Recibe un beso enorme. J.