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POESÍA

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* MARIO ALONSO PUIG: "LA FELICIDAD ES DESCUBRIR EN LA VIDA EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA" *


MEDITACIÓN Y RELAJACIÓN

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martes

ENTREVISTA A JOSÉ MANTERO



El 1 de febrero de 2002 la portada de la revista Zero, una conocida publicación gay española, traía a Mantero vestido de sacerdote diciendo “Doy gracias a Dios por ser gay”. Fue la primera vez- hasta hoy- que un sacerdote católico en ejercicio reconocía su homosexualidad. La confesión, hecha en tiempos de Juan Pablo II, le costó la expulsión a Mantero, quien sirvió 22 años como sacerdote diocésano en Andalucía donde llegó a ser vicario. Desde entonces, no pisa una iglesia. A veces, dice, celebra eucaristía para bendecir matrimonios gais, pero se dedica a escribir columnas y a criticar la hipocresía de una institución que conoce bien.. 

¿Desde chico querías ser cura?

Casi, recuerdo que empecé a decirlo a los 17 años, cuando militaba en grupos de jóvenes cristianos donde vi que había algo más que una ritualidad, que había un cierto despunte de compromiso social. Y eso empezó a cautivarme. Verás, teológicamente, se dice que Dios llama a la vocación. Pero no nos imaginemos una llamada con trompetas celestiales. Es una llamada que llega, naturalmente, a través de la percepción de una serie de necesidades tanto de la sociedad como de la Iglesia. Y percibí que merecía la pena transmitir un mensaje y la manera para mí de hacerlo, en ese momento, era una consagración en el sacerdocio.

¿Entonces sabías que eras homosexual?

Yo lo sabía desde los 12 años y recuerdo cuando lo supe. Estábamos en mi casa, con mis amigos viendo tele y justo en esos años daban una teleserie americana de estas donde salían camioneros y chicas rubias. Y diría que a mis amigos se ponían furiosos con la chica rubia y a mi me gustaba el camionero, ja, ja…

¿Practicabas tu sexualidad?

Pues, hombre, de la manera que un chaval la practica: con roces, con tonterías, como un chaval heterosexual, bisexual. De una manera lúdica e inocente como son estas cosas.

Te lo pregunto porque al decidir ser sacerdote, optas por el celibato.

No, opto por el sacerdocio. El celibato es algo que está disciplinariamente aparejado. Porque cuando alguien quiere ser sacerdote no dice “quiero ser célibe” dice “quiero ser sacerdote” y si esto trae aparejado una condición, bueno dice “qué le vamos a hacer”. Yo para manejar un vehículo debo sacar un permiso de conducir y no puedo beber alcohol. Esto es igual. Así se reconoció en la última encíclica que se publicó sobre el celibato, la “Sacerdotalis Coelibatus” del Papa Paulo VI donde se reconoce, abiertamente, que el celibato no es esencial ni consustancial al ministerio ordenado sino que es una disciplina de la Iglesia Católica Romana, porque la Iglesia Católica Oriental igualmente unida a Roma, no tiene la disciplina del celibato.

Entonces, el sacerdocio y el celibato no están unidos teológicamente. 

No y si aceptamos que quien instauró el sacerdocio fue Jesucristo de Nazaret, pues ahí tenemos el caso de los apóstoles, que en su mayoría eran personas casadas.

¿Pero el celibato te parecía normal, te parecía que podías sostenerlo en el tiempo?

A ver, yo lo asumí con todas las de la ley: sin ruptura, pero esto es siempre cuestionado y se seguirá cuestionando. Afortunadamente, ese es un índice de que el ser humano sigue pensando.

¿Y cómo lo hacías para ser célibe? ¿Les enseñaban alguna técnica?

Yo era célibe en mi día a día, tal como es célibe en su día a día un cura heterosexual. Y no, no nos enseñaban métodos especiales. Tampoco nos prohibían cosas, sino que se aconsejaba lo normal a todo católico: no ver porno, etc.
  
¿El sacerdote, realmente, vive alejado del sexo?

La pregunta habría que retrotaerla a un primer estadio: ¿es posible que la persona humana viva sin expresarse sexualmente? Es posible, pero al precio de la desestabilización síquica, al precio de acabar como las Maracas de Machín, es decir, “loquitas”. Posible es, pero también es posible que una persona viva 40 años encadenada a una roca con una cadena de hierro, como había ermitaños en la Edad Media. La pregunta entonces es ¿a qué precio? Y hay un grupo minúsculo del clero católico que vive sin práctica sexual, digo “minúsculo” porque en la práctica sexual hay que incluir no solamente las relaciones sexuales hacia afuera, con otras personas, sino que el onanismo, la masturbación.

En algunas entrevistas has dicho que dentro de la Iglesia hay una regla: “coge, pero no lo digas”.

Es la sagrada ley. No es pecado mientras no se sepa, aquí, en esta viejísima jerarquía católica lo que yo haga mal no es lo que se haga, porque mira hay cosas muy graves, como desfalcos, como auténticos robos en el plano económico que se hacen y eso sí es grave, pero hasta que no se sepa no pasa nada.
  
Si existe esta doble moral ¿por qué cuando la Iglesia le habla a sus fieles sobre sexo lo hace sólo para reprimir?

Decía Oscar Wilde- a mi modo de ver con mucha razón- que quien controla la sexualidad controla la totalidad de la persona. Si tú controlas la sexualidad en miles de creyentes, tienes agarrada su vida por las pelotas. Ese es el ejercicio supremo del poder.

CURA GAY

¿Cómo viviste tu homosexualidad mientras eras cura?

No tuve relaciones sexuales, y el ser un lector enamorado de la Biblia propició que yo viviera mi orientación desde siempre con absoluta naturalidad. Te la resumo así: si yo creo que Dios es creador y modelo, como dicen los salmos, personalmente, a cada corazón, a cada ser, a una persona gay la ha modelado como tal y el creador la ha creado gay y quiere que sea gay. Es decir, siempre lo he vivido con naturalidad, pero he conocido gente muy atormentada. Una vez apareció en el confesionario un muchacho joven que traía una cara de convento increíble y me dice “soy un monstruo porque tengo relaciones homosexuales con otros hombres”. Yo le dije: “mírame a los ojos, ¿me ves cara de monstruo?” y el chico muy asustado dijo “no”, “ah bueno”, le dije, “pues yo también soy gay y no pasa absolutamente nada”.

Le dijiste…

Siempre lo decía cuando pasaba algo así. Pues, oye, que no te vas a quedar callado permitiendo que la persona sufra si puedes liberarla. Y sobre todo cuando uno como sacerdote estaba convencido que tenía una misión liberadora; de demostrar el amor misericordioso de Dios y que Dios es padre y no un dictador.

El 2002, finalmente, decides contar tu homosexualidad en la revista Zero donde apareces en la portada diciendo “Doy gracias a Dios por ser gay”… ¿Cómo te decidiste a hacerlo?

Llegó, gradualmente. Yo, en junio de 2001, en la revista cultural católica donde colaboraba escribí mi columna mensual titulada “Orgullo Gay” y quien leyera el artículo, entendía el mensaje. Es como el refrán andaluz que dice “blanca y en botella que es la leche”… Me llamaron de la revista Zero para entrevistarme y acepté, porque encontré que era el momento para dar un paso al frente como sacerdote por mis hermanos gays y lesbianas, que estaban siendo vilmente oprimidos y reprimidos por la Iglesia. Aproveché ese trampolín para lanzar un mensaje religioso: decir que los homosexuales no somos máquinas incestuosas, ni el ser gay es un pecado. El titular lo resume: “Doy gracias a Dios por ser gay”. Eso quería que calara.
  
¿En la Iglesia sabían de tu homosexualidad?

Había compañeros que sabían al igual que yo sabía de la suya. Y otros para los que resultó sorpresivo. Yo sufría por la homofobia que veía en la doctrina y la documentación de la jerarquía católica, pero no ocultaba nada, simplemente, no iba por ahí diciendo soy gay. Sólo lo hice cuando tuve los elementos de juicio que me hicieron decir “basta”. Porque una salida del armario es alzar la voz y cuando lo haces es porque necesitas ser oído.

¿Qué pasó en España con tu confesión?

Ocurrió de todo. El hecho que se publicara la entrevista el 1 de febrero de 2002, que fue meramente por motivos de agenda de la revista, molestó al obispo misionero español Gea Escolano. Para este señor, muy franquista por lo demás, la revista había hecho coincidir la fecha de la entrevista con la jornada eclesial de la vida consagrada. No le pareció bien y a otro obispo que fue a hablar con el entonces presidente José María Aznar para decirle que parara lo que estaba ocurriendo, tampoco. Y claro, en esta España de charanga y pandereta, hubo mucho morbo. Particularmente, porque a los españoles les dan muchísimo morbo los temas de bragueta y si encima es la bragueta de una sotana, pues figúrate.

¿Cuáles fueron las razones de tu suspensión?

Ni siquiera me enteré por mi obispo, me enteré por un teletipo que le llegó a unos amigos periodistas y el motivo de la suspensión, según lo que decía ahí, era la ruptura del celibato, el incumplimiento de obligaciones ministeriales. Y bueno, era previsible.

¿Nunca reconocieron que te suspendían por decir que eras gay?

No, y no pueden decirlo porque hoy prima la hipocresía.

Tu caso es histórico. Eres el único sacerdote católico que en ejercicio ha reconocido su homosexualidad.
Pues fíjate que así es la vida, pero estuvo a punto de decirlo un sacerdote, que habló conmigo el 2002, que era de Bilbao. Él quería decirlo en una conferencia que yo daba en Bilbao, pero minutos antes el hombre me telefoneó porque había hablado con su vicario general, diciéndole lo que iba a hacer y este lo había amenazado dejándolo esa misma noche sin techo bajo el que dormir. Para que veas que los obispos dan un golpe de estado cuando hace falta.

¿Hay más sacerdotes homosexuales en la Iglesia?

Muchos y entre los miembros del clero, especialmente, el porcentaje es bastante alto y en casos con el conocimiento de sus obispos, con lo cual el gay en la Iglesia que está oculto, está controlado. Los arzobispos son de la idea de “cuidado, no te desbandes porque te puedo echar a la calle en algún momento”.

Esta semana el jesuita chileno Fernando Montes dijo en La Tercera que “no hay incompatibilidad entre ser sacerdote y homosexual” siempre que se cumplan los compromisos. ¿Concuerdas?

Lo que dice este jesuita está muy bien sobre el papel, pero no podemos olvidar que eso lo ha dicho una personalidad de una Iglesia Católica que está profundamente enferma de homofobia. Y la homofobia es una enfermedad mental, como el racismo. Resulta bastante increíble porque realmente lo que le molesta a la jerarquía católica es que seas homosexual. Sin embargo, que se reabra el debate es una señal positiva de esta crisis, pues se dice que un enfermo está en crisis cuando se puede sanar o morir. Ahora, la crisis también engendra un lado oscuro, que es cuando la Iglesia se encierra sobre sí misma y empieza a lanzar balacera…

Como las declaraciones de Tarcisio Bertone acá en Santiago, ¿Qué te pareció que vinculara pedofilia con homosexualidad?

Me resulta extraño que llegue a Secretario de Estado del Vaticano una persona como Bertone, que no sepa que está estadística y médicamente demostrado que la pedofilia y la pederastia son mayoritariamente heterosexuales. A Bertone le han dicho que el celibato propicia la pedofilia y como le ha dolido, ha tirado el balón fuera diciendo “no, no, es la homosexualidad”.

PESCADORES AVISPADOS

¿Por qué hay pedofilia en la Iglesia?

Es que en la Iglesia están todas las posibilidades del mundo. Imagínate un internado de niñas, de niños; una catequesis a cargo de unas cuantas monjas y sacerdotes donde hay una confianza tremenda hacia ellos. Aquél es el caldo de cultivo para que alguien pueda delinquir además con bastantes probabilidades de impunidad. Porque está el secreto de confesión y la amenaza velada de las penas del infierno; entonces se dan muchísimas condiciones. Hay un lago lleno de peces y unos cuantos pescadores avispados.

Me decías que te enteraste por Internet del caso de Fernando Karadima.

Bueno, el caso de Karadima no es más que la hipocresía llevada a un extremo local, donde a ustedes les toca más de cerca, obviamente. Es como si mañana en España nos contaran que tenemos nuestro Marcial Maciel. Es un caso escandaloso, triste, que no debiera suceder, pero sucede.
En el caso de Karadima hay obispos que han reconocido los testimonios de las víctimas, pero los fieles siguen incrédulos, defendiendo al sacerdote a pies juntillas.
Es que es muy difícil creer algo así. Imagínate, que al alemán de base le costó mucho creer en el holocausto y creer en la existencia de los campos de la muerte, porque hay una suerte de defensa que monta nuestra mente. Es así. Yo todavía no entiendo cómo un ser humano puede matar a otro. Es increíble y, sin embargo, sucede tantas veces. Y el abuso es un asesinato moral porque destroza a la persona para toda su vida.

Las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes en su mayoría relatan que estos sacerdotes eran sus guías espirituales. En ese sentido, ¿cuánto poder tienen los sacerdotes sobre la gente?

A mí todavía me cuesta articular los motivos, pero, ciertamente, es un poder omnívoro. Imagínate que en un pueblo de la Andalucía occidental te encuentras con 5 mil habitantes donde lo que dice el párroco es, prácticamente, palabra de Dios. Se ha divinizado al representante eclesiástico y recuerdo que me costaba verdadero trabajo conseguir que alguna persona me tuteara. Y yo estaba horrorizado sobre todo cuando se quitaban el sombrero al pasar. La palabra del sacerdote tiene un peso que si se usara siempre para el bien, sería fantástico.
  
¿Le crees a Ratzinger cuando pide perdón por los abusos?

No, no me creo nada. El perdón hay que pedirlo directamente a la víctima y desde luego no en una pose mediática. Porque showmen sabemos hacerlo todo. Me parece una pose. Y desde Pío XII tenemos papas clown, qué le vamos a hacer. Un día el Papa, seguramente, pedirá perdón por la tortura sicológica a la que ha sometido a los gays y las lesbianas, y bueno ¿de que servirá? Tan obsesivo es el pensamiento de Ratzinger sobre la homosexualidad que muchas veces he pensado que se trata de un gay muy reprimido, que vive su orientación sexual con dramatismo y tormento. De ahí que su psique no sea sana ni equilibrada, se le nota en la mirada, que se parece a la de Josef Mengele (el ángel de la muerte) cuando acariciaba niños judíos y luego los llevaba a las cámaras de gas.
  
¿La Iglesia está en una de sus peores crisis?

La Iglesia como institución, como máquina, está atravesando una grave crisis. Porque se está cuestionando los fundamentos mismos de la maquinaria. Pero a mí siempre me reconfortan las palabras, precisamente, de un chileno: Salvador Allende que, momentos antes que le reventaran la cabeza, dijo “sigan ustedes sabiendo, que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas, por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor” y eso pasará en la Iglesia, caerá lo caduco, llámese jerarquía, llámese pericos de los palotes y permanecerá lo que realmente sea esencial o connatural al ser humano.
  
¿Es importante que la Iglesia sobreviva?

Para nada, lo que tiene que sobrevivir es la humanidad. Ya lo dice el Concilio del Vaticano II: la Iglesia no es un fin sino un medio. Y al verdadero creyente no tiene que preocuparle que la Iglesia se hunda, o que desaparezca. Porque lo que importa es lo que está en función de la plenitud humana y si Iglesia ayuda a conseguir aquello, pues bievenida sea, pero si es obstáculo, o sencillamente ya ha cumplido su función, pues tiene que desaparecer.
  
¿Te costó mucho rehacer tu vida fuera de la Iglesia?

Hombre, cuando tú en España estás fuera de la Iglesia, de algún modo el resto de la sociedad, aunque no sean creyentes, considera que has roto las reglas del juego, entonces, te ponen zancadillas de todo tipo. Cuesta, pero no es imposible.

¿Sigues siendo católico?

No puedo, si lo fuera me consideraría cómplice de un sistema que esclaviza a mis hermanos y hermanas con mi misma orientación sexual. Entonces, tengo mis creencias y aunque no me considere estrictamente católico, mis creencias vivirán conmigo, probablemente, hasta el día de mi muerte. Lo que no tengo son dogmas. No es bueno tener dogmas que asfixien el pensamiento y la vida.

viernes

TESTIMONIO

HERNAN TORO - COLOMBIA

En pleno medioevo, cuando los cristianismos de todo tipo torturaban e incineraban a la población políticamente incómoda para ellos, la rama católica de esas religiones apelaba a una medida bastante hipócrita para asegurar que "no mataba". Después de las indagaciones en las mazmorras de la Santa Inquisición, tras obtener confesiones ridículas por medio de la tortura, actuaban con toda justicia y entregaban al reo, junto con las pruebas, a las "autoridades civiles" (que obviamente estaban controladas por ellos), para que administraran justicia: la horca o la hoguera. Es que en ese aspecto fueron ejemplares: colaboraban perfectamente con la "justicia civil", para matar a los blasfemos y herejes. Hay que reconocer que en años recientes, el Papa Juan Pablo II ofreció públicos perdones muy descafeinados por los abusos cometidos por la iglesia. Hace pocos años, estalló en Estados Unidos lo que fue el peor escándalo en la historia reciente del Catolicismo. Se descubrió la profundidad del mal causado por sacerdotes pederastas, la negligente forma de tratar a los culpables, y sobre todo, el total desamparo de las víctimas. Bueno... curas pederastas no es algo nuevo, dirían algunos. Incluso mi madre de crianza, una ex-monja Carmelita que me adoptó poco después de que mi madre muriera de coma hepático cuando yo tenía 22 meses, me enseñó desde que yo era bien niño que los sacerdotes eran como canales que repartían la "gracia" de Dios, justo como el agua de una fuente: el canal podría ser de barro, de bambú, de lata, o de pvc, en todo caso, la gracia Divina llegaba a los fieles. Más aún, ella me enseñó muy bien que los sacerdotes eran humanos, y que no se podía juzgar a toda la institución, por las acciones de algunos curas deshonestos. La iglesia era "Santa" independientemente de que algunos de sus pastores sean unos malditos pederastas. Por eso siempre he pensado que rechazar la fe católica, sólo porque algunos curas fueran delincuentes o criminales, es un claro non sequitur. Una doctrina o una institución no se puede juzgar como verdadera o falsa, sólo por las acciones de algunos de sus miembros descarriados... (fueron muchos otros razonamientos lógicos de índole científica los que me alejaron de la creencia en Dios). No obstante, ninguna de las enseñanzas de mi beata madre de crianza se aplican en este caso por un motivo aterrador. Hace unos años, la serie Panorama de la BBC, realizó un documental conmovedor que examinó concienzudamente los casos de abusos sexuales en la iglesia. No sólo analizó los sucesos, sino la razón por las cuales fueran masivos. Estudió casos en Irlanda, Inglaterra, Estados Unidos, y Brasil. Y lo que descubrió fue algo que nadie se hubiera imaginado. La actitud de secretismo, de proteger al pederasta, de mandarlo a otras diócesis alejadas para alejar el escándalo, de obligar silencio sobre las víctimas so pena de excomunión, el mandato a los abusados de no denunciar penalmente al agresor, todo ello no eran casos aislados; no era un canal de barro para la Fuente de Gracia: era la ejecución de una directiva secreta del Vaticano, más específicamente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, llamada "crimen sollicitationis", escrita en latín, y enviada a todas las diócesis, para mantener en caja fuerte, y que explicaba a los Obispos cómo tratar los casos de pederastia.

Esta medida nefasta de la Iglesia, señalaba entre otras cosas, que:

  1. Se exigiera a las víctimas que no hicieran demandas penales contra los curas abusadores.
  2. Que se les prohibiera hablar del suceso, excusándose hipócritamente en el "secreto de confesión", ¡como si tal secreto fuera obligante sobre la víctima y no exclusivamente sobre el cura!
  3. No denunciar a las víctimas ante las autoridades competentes...¡Cuán conveniente!... Justo lo opuesto de lo que hacían cuando la víctima era un hereje y lo entregaban al brazo civil para que fuera incinerado.
  4. Reasignar al pederasta a otras parroquias alejadas... una carta blanca para seguir violando niños.

Pero lo más grave era lo que no indicaba. En ninguna parte del documento se hace alusión a la protección de las víctimas, ni a "entregar al brazo civil de la autoridad" a los abusadores, como con tanta rapidez hacían en la época en que la Congregación para la Doctrina de la Fe recibía su nombre macabro de "Santa Inquisición". El responsable de hacer cumplir estas normas, en un buen lapso de tiempo desde su expedición en 1962, fue el, en ese entonces, Cardenal Joseph Ratzinger, hoy conocido como "Su Santidad Benedicto XVI". Es crudo, pero real. El encargado principal de ocultar los crímenes de pederastia de los curas católicos, fue el papa actual. En 2001, Ratzinger emitió la actualización de "Crimen Sollicitationis", manteniendo el mismo espíritu de la anterior: desamparar a las víctimas, ocultar todo a las autoridades civiles, obligar a callar a abusados y familiares so pena de excomunión... con una adición. Ahora, la competencia absoluta de todos los casos de abuso deja de estar en manos de los obispos para pasar directamente a Roma. Aunque después del escándalo que por fin estalló en Estados Unidos, la iglesia se gastó literalmente un infierno de dinero acallando y conciliando con las víctimas, y aunque se rasgaron las vestiduras por los abusos, la realidad es que tras el boom noticioso, las políticas institucionales romanas ante los curas pederastas siguen siendo las mismas: acallar víctimas, reasignar a los violadores, y permitir que el abuso continúe. Más aún, hoy día los obispos a los que se les requiere enviar judicialmente los archivos para los juicios penales, mantienen todo en secreto, ocultan información y nombres, y terminan violando la ley que los acoje, apelando a cierto grado de inmunidad diplomática, por hacer de "embajadores" del Vaticano. En este caso, la institución no es una fuente de gracias con tubos que la transportan limpia desde la fuente... La cabeza misma de la fuente, junto con todos sus canales están defendiendo por medidas oficiales de la institución a criminales de la peor calaña, trasladándolos, permitiéndoles seguir en su abuso, y nada pasa. Basta ver las declaraciones del Papa recientemente en su visita a Estados Unidos, para detectar cuán sinceras son "sus explicaciones" Dijo: "Es un sufrimiento enorme para la iglesia en Estados Unidos y para la iglesia en general, y para mí personalmente que esto pudiera pasar" ¿Acaso el gran Teólogo Ratzinger no tuvo la suficiente inteligencia para entender qué ocurre con un pederasta cuando no se le demanda, sino que se le envía a otra comunidad inadvertida? Dijo también: "Estoy profundamente avergonzado y haremos lo que sea posible para que esto no vuelva a pasar en el futuro"... De nuevo, el gran intelectual Ratzinger no pudo prever desde hace décadas lo que pasaría si seguía las directrices de "Crimen Sollicitationis"... ¿Acaso, cuando en 2001 emitió su actualización, no estaba consciente de que la solución era entregar a los curas violadores como cualquier criminal a la ley? Es difícil convencerse de la sinceridad de esa "vergüenza" ante las medidas cómplices que ha avalado. También afirmó: "Es vuestra responsabilidad dada por Dios como pastores el cerrar las heridas causadas por cada transgresión de confianzas, para fomentar la sanación, promover la reconciliación, y alcanzar con preocupación amorosa a aquellos tan seriamente equivocados" De nuevo, es una actitud lamentable. En ninguna parte de sus discursos en suelo Estadounidense insta a los criminales a entregarse a la justicia. Después de décadas de encubrimiento sigue defendiendo a los victimarios. Y en un ejemplo perfecto de hipocresía, dijo: "Responder a esta situación no ha sido fácil y, como indicó el presidente de vuestra conferencia episcopal, fue a veces muy mal manejado"... ¿A VECES? ¡SIEMPRE! Institucionalmente la Iglesia Romana tenía directrices para que SIEMPRE se acallara a las víctimas, SIEMPRE se trasladara a los victimarios a otras comunidades con más víctimas inocentes, SIEMPRE se negó dar aviso de los predadores sexuales de sotana a las autoridades civiles, SIEMPRE se manejó mal. Y el cabecilla tras estas instrucciones secretas, fue el que hoy día se asombra de los resultados. Cuando (según esa religión) la cabeza Dios en la tierra, el individuo que cada vez que habla Ex-Cathedra dice verdades irrefutables, el que determina cómo se desempeña la institución más sagrada, se comporta y hace comportar a sus obispos con ese nivel de frialdad, inmisericordia, negligencia, e hipocresía, temina siendo imposible de creer que lo que sale por esas canaletas, ya sean de barro o de oro, no sea más que agua putrefacta y pestilente. Por lo pronto, sólo queda recomendar que todo el mundo vea el documental Panorama mencionado en esta columna, para estar conscientes de lo que puede llegar a darse cuando se permite que una religión pase por encima de las instituciones civiles y de las normas legales de un país: salvoconducto para violar impunemente los derechos más fundamentales de los niños inocentes.

domingo

ADIÓS, MUCHACHO

EDUARDO MENDICUTTI - EL MUNDO
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Ha muerto Leopoldo Alas. Tan joven, tan bullicioso, tan listo, con tanta vida como tenía por delante y con tanto todavía por escribir, por contar, por defender, por pelear. Y por reír. No es justo. No es fácil, no es posible despedirse de alguien como él. Qué horrible suena: «Adiós, Leopoldo». En todo caso, un adiós como el del maestro encarnado por Gaspard Manesse en Au revoir les enfants, la película de Louis Malle, cuando se despide de sus jovencísimos alumnos en el momento de ser detenido por la Gestapo, y camino ya de un campo de concentración y de la muerte; un adiós como aquél, ya digo, pero en sentido contrario. Quienes nunca fuimos tan jóvenes como Leopoldo, durante tanto tiempo, tenemos de pronto que despedirnos de él. Pero es un adiós imposible: el recuerdo de Leopoldo quedará tan incrustado en nuestra memoria como el recuerdo de aquel profesor en la memoria, tan viva, de aquel chico, en la película de Malle. Tenía sólo 45 años y seguía conservando algo de adolescente revoltoso y lleno de curiosidad, con un instinto y una habilidad increíbles para lo más nuevo, con esa ironía destrozona de los chicos espabilados y nada dados a las componendas, con esa pasión impulsiva que le hacía entusiasmarse con cuanto suponía para él un descubrimiento feliz, e indignarse con todo lo que le parecía injusto, falso, equivocado y, sobre todo, hipócrita. Los lectores de EL MUNDO han tenido muchas oportunidades de comprobar la brillante contundencia con que era capaz de despacharse contra todo bicho viviente, si consideraba que debía hacerlo para defender lo que para él era justo y decente. Incluso sus mejores amigos, o gente a la que admiraba, recibieron en ocasiones sus encendidos manotazos dialécticos o escritos. A mí mismo me tocó alguna vez aguantar el chaparrón. Pero igual de impulsivo era para soltar mandobles que para pedir disculpas, perdonar, hacer las paces, bromear sobre los encontronazos, olvidar. Tres cosas fueron siempre prioritarias para Leopoldo: la amistad, la defensa de la causa gay y su dedicación literaria. Escribió poemas gozosos y poemas muy dolientes; novelas rebosantes de agilidad e imaginación; artículos inquietos y afilados; ensayos perspicaces y divertidos. Peleó por los derechos de los homosexuales como el que más. En esto fue siempre franco, implacable, cálido, atrevido, ejemplar. Todos los gays estamos en deuda con él. Y en la amistad era único. Nunca he conocido a nadie con tantos amigos tan variopintos como él tenía, y cuya amistad alimentaba y jaleaba tanto. Ahora, sus amigos lo tenemos difícil para decirle adiós. Casi preferimos oírle decir a él, con esa cordialidad guasona, tan suya: «Adiós, muchachos...». Sabemos que él, allá donde esté, tampoco nos olvidará.

MANIFIESTO DEL ORGULLO '08

Amigas y amigos, bienvenidos a la manifestación en la que reivindicamos el año de la visibilidad lésbica. Gracias por estar en esta manifestación que no es el Orgullo gay, es el Orgullo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, el Orgullo de todas y de todos. El día 28 de junio de 1978 se celebró la primera manifestación por la libertad sexual en Madrid. Han sido 30 años por la libertad, el orgullo y los derechos LGTB en esta ciudad. Primera manifestación que se celebró aquel 28 de junio gracias a la valentía de aquellas y aquellos que estuvieron luchando, incluso durante el franquismo. Gracias a aquellos y aquellas que estuvieron en las cárceles por su orientación o identidad sexual, gracias a esos represaliados lgtb, podemos estar hoy aquí celebrando este gran día. Estamos de celebración, hoy es nuestro día, pero no debemos olvidar que nuestra dignidad y nuestra igualdad siguen recurridas. Exigimos al Partido Popular que retire su vergonzoso recurso de inconstitucionalidad contra la ley que reconoce nuestro derecho a casarnos. Estamos de celebración, pero tampoco debemos olvidar que la lesbofobia, la homofobia, la transfobia y la bifobia siguen siendo una realidad en los centros educativos. Tenemos que seguir luchando para que en ellos se respete a las niñas y niños, adolescentes y jóvenes, que son diversos. Por ello exigimos a las Comunidades Autónomas y al Gobierno de España una completa educación afectivo sexual y de identidad de género, con particular atención a la diversidad y que además garantice que la asignatura de Educación para la Ciudadanía se imparta, sin mutilar sus contenidos, en todos y cada uno de los colegios, escuelas e institutos del Estado. Exigimos también que de una vez por todas los derechos laborales asistan a las trabajadoras y trabajadores del sexo. Exigimos el cese del acoso al que son sometidas mediante algunas políticas municipales, que lejos de terminar con la esclavitud sexual sólo provocan mayor precariedad de sus condiciones laborales. En este año de la Visibilidad Lésbica, reclamamos al Estado la atención por un sistema sanitario que garantice nuestra salud integralmente, con la revisión de los protocolos de ginecología, el libre acceso a una información veraz que recoja nuestras necesidades y problemas específicos, con profesionales sanitarios correctamente formados y respetuosos con nuestra orientación sexual e identidad de género y exigimos el pleno acceso a las Técnicas de Reproducción Asistida, incluyendo la donación de óvulos en el seno de las parejas de mujeres. De la misma forma pedimos una Ley de plazos que regule la interrupción voluntaria del embarazo. Estamos de celebración, hoy es nuestro día, pero no olvidemos que en muchos países del mundo siguen existiendo la cárcel y la muerte para lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Demandamos al Gobierno de España que tome medidas en el ámbito internacional para acabar con las legislaciones y prácticas que promueven estas persecuciones. Al mismo tiempo demandamos un apoyo decidido a las solicitudes de asilo por razón de orientación sexual e identidad de género y que se promueva la extensión de este compromiso en toda la Unión Europea. Estamos de celebración, hoy es nuestro día, pero no debemos olvidar las infecciones de transmisión sexual y especialmente la pandemia del SIDA. No podemos seguir viendo cómo aumentan las infecciones y no se destinan suficientes recursos económicos a la prevención. Exigimos que de una vez por todas se tome el VIH como un asunto de Estado. También exigimos que se generalice el acceso a métodos barrera para mujeres, así como la creación de campañas de prevención de las infecciones de transmisión sexual específicamente dirigidas a las mujeres bisexuales y lesbianas, las grandes olvidadas del Sistema Sanitario. Debemos recordar asimismo que es ya urgente la implantación efectiva del tratamiento sanitario integral para las personas transexuales en todo el Estado, con independencia de su edad o nacionalidad, sin que esto suponga en ningún caso asumir la idea de que la transexualidad sea, en sí misma, una enfermedad. De otra forma no podemos olvidar a las y los mayores LGTB, personas que están sufriendo en muchas ocasiones, el olvido, la enfermedad y lo más duro: la soledad. Queremos un estado aconfesional que garantice la independencia del Estado frente a la Iglesia. Queremos la salida de la asignatura de religión de los planes de estudio. Queremos un escrupuloso respeto a una educación no sexista. Queremos ¡YA! la derogación del concordato con el Estado Vaticano y el fin de la financiación pública de la Iglesia. ¡Estado Laico Ya!. Estamos de celebración, hoy es nuestro día, y reivindicamos este año como el de la VISIBILIDAD LÉSBICA. Reclamamos de una vez por todas que todos los estamentos de la sociedad sean conscientes de la diversidad lésbica y la promocionen. Exigimos que la sociedad no nos invisibilice, en los medios de comunicación, en los planes de igualdad y en los libros y programas escolares, así como que se visibilicen nuestros modelos de relaciones afectivo – sexuales de una manera libre de prejuicios e imposiciones heterosexistas. La visibilidad es nuestra herramienta contra la discriminación y exigimos a las Administraciones la creación de programas específicos para promoverla. Estamos de celebración, hoy es nuestro día, y por ser nuestro día pedimos, que este año sea definitivamente, el año de la visibilidad lésbica.

Madrid, 05 de julio de 2008

jueves

LA DULZURA DE SAFO

MARTÍN PRIETO - EL MUNDO
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Querida Empar:
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Pese a los años transcurridos, te sigue recordando todo el mundo que tuvo el placer de tratarte en los tiempos irrepetibles en que girábamos sobre el gozne de nuestros destinos y, de alguna manera, fuimos efímeramente protagonistas de nosotros mismos. Habiéndote perdido, busqué entre amigos comunes, relaciones políticas, «rojos» irredentos, y nadie daba fe de ti, pero todos apostillaban mi indagatoria: «Avísame si das con ella; me gustaría volver a verla». Han pasado veinte años y al menos a mí me reconforta contemplar que no has cambiado, que sigues tal como eras cuando ya los demás apenas somos aquellos: igual de flaca, de solidaria, tan traspasada por una enérgica dulzura y tan ajena a la menor intolerancia, siempre comprensiva con la debilidad de los demás y bastante exigente contigo misma. Cuando tú eras una dirigente del Movimiento Comunista yo andaba enamoriscado de ti, y mis compañeros me tomaban cruelmente el pelo que entonces tenía, pero algún artículo te habré publicado no por otra cosa que por ser vos quien sóis. Lo mío era de medalla, por cuanto trabajando remuneradamente por hacer enraizar en España una revolución burguesa con casi trescientos años de retraso, me dio en aliviar mi mala conciencia buceando en tu MC, en la Liga Comunista Revolucionaria, en el Partido de los Trabajadores de España, o en la Organización Revolucionaria de Trabajadores: católicos que aún creían en el mensaje evangélico, maoístas, trostkistas, albaneses, ¡qué sé yo! A mí, más que remar contra la Historia, me atraía de aquella marginalidad del comunismo, aquel potaje de siglas, la calidad de algunas mujeres que en él encontrabas y de la que siempre sobresalías tú, y no por imposición avasalladora sino por una clara distinción y discreción. Que fueras lesbiana me daba lo mismo; a mí me interesaba la serenidad que sigues irradiando, tu paciencia, y, por supuesto, tu cociente intelectual. Licenciada en Filología Románica creo que continúas siendo la única ciudadana española que habla y escribe en castellano, catalán, gallego y euskera, porque lo de Fraga, que presume de don de lenguas propias y extrañas, no me lo creo, y jamás le he escuchado decir ni «agur». Nacida en Hernani, hija de un carnicero catalán y madre vasca, ya tenías algo andado, pero también has sido una peripatética de las universidades españolas de las que te iban expulsando. Creí que habías acabado en la docencia, pero no; fiel a ti misma casi te conviertes en reportera de Juan Tomás de Salas porque tenías una Vespa; has vendido libros, galletas, quesos, y hoy en un trasto aplastado de cuatro ruedas vas a trabajar «de chica para todo» en una clínica de la que eres secretaria de dirección. Como no podía ser de otra manera, continúas enredada en movimientos como Liberación o el Colectivo de Feministas y Lesbianas. Ya te he dicho que quizá el sida ha hecho reflexionar a la sociedad sobre la homosexualidad masculina, pero el amor entre mujeres prosigue enterrado en un ghetto doble: mujeres y sexualidad aparentemente no reproductiva y por ello antisocial. Con el mundo de Lesbos y de Safo algo ocurre en esta sociedad para que la suavidad de vuestro amor permanezca tan escondida, sobreentendida y entre visillos. Amigos homosexuales veo que avanzan en el reconocimiento de sus legítimas preferencias, pero las lesbianas continúan en buena medida cubriéndose la cabeza con un «chador». No tengo respuestas, y sí un cerro de preguntas. Casi todas las mujeres heterosexuales que conozco se complacen con el trato y la amistad de homosexuales, pero se engatan ante una lesbiana. Será el miedo atávico judeo-cristiano a caer en los brazos del propio sexo. No lo sé, ni acabo de entenderlo, por cuanto los estudios sociológicos te explican que, muy por encima de los varones con lo suyo, las adolescentes tienen aproximaciones lésbicas y juguetean con la entrega y la ternura de su mismo sexo. Puede que resulte mejor que permanezcáis en una cierta penumbra; siempre es beneficioso resultar un punto intrigante. Lesbos no es una isla griega: es el significado de otro planeta cuyos recovecos y secretos permanecen vedados a los varones. Mal que bien el homosexual se está integrando, comienza a prescindir de la simulación y se sienta en la mesa de los Consejos de Ministros. Las lesbianas sois los nuevos judíos: estáis ahí pero procuráis pasar desapercibidas. Mis congéneres sexuales hasta pueden desear a un travestido o transexual, pero se ponen de los nervios ante una mujer lesbiana, liberada de mitos fálicos. Es más: un hombre cultivado, inteligente, culto y liberal, acepta los devaneos de su esposa con otros varones, o su huida en brazos de un galán competidor. Hasta es posible que lo asuma con la elegancia que se espera del caballero que no alcanza la victoria en un deporte. Pero que tu mujer se vaya con otra, se enamore de otra, eso no, eso jamás. El ego masculino queda extrañamente triturado y no existe peor dolor que el que no se comprende. Vosotras entendéis otras maneras de reclinar el afecto y hasta la pasión; el hombre puede convivir con la homosexualidad porque a la postre todo queda en casa, y una sexualidad dominante y totalizadora queda preservada; pero el amor entre mujeres, del que siempre se sospecha ominosamente doblado de feminismo puro y duro, se percibe como una absoluta exclusión, zona prohibida al mundo de los machos incluso para curiosear, amenaza latente, territorio desconocido poblado de acechanzas y temores milenarios a la definitiva pérdida de la identidad. De ti, mi adorada Empar, mujer fuerte y sensata, incluso maternal, que no has trocado ningún papel, que continúas siendo tan femenina en todo lo bueno que te aportan tus ovarios, y tan alejada de cualquier cultura machista, me sigue enamoriscando la gran compasión con la que contemplas el incomprensible azacaneo del género humano. Pareciera que desde una tarima contemplaras sin entender el ir y venir de un hormiguero, pero siempre cuidadosa de no pisotear alguna hormiga. Vivir, dejar vivir y, sobre todo, ayudar a vivir. No en balde Empar es Amparo en catalán. Siendo feminista y lesbiana, pudiendo reclamar airada tanto para el legítimo ejercicio de tu personalidad, tienes en cambio palabras amables sobre la carrera de obstáculos y confusiones de la condición masculina en este fin de siglo. Tal como cuando hacías política a tiempo completo no advertí en ti rencor social, no veo en tu lesbianismo otra cosa que una amorosa inclinación, absolutamente exenta de cualquier vindicación antimasculina, que no antimachista. Para alcanzarte, en tantas cosas, llego tarde. Como mucho, para un verano de Tánger como Paul Bowles junto a Debra Winger. Pero no son estas horas de que ambos mudemos de querencias. Eso sí: de existir la reencarnación y poder optar, elijo ser mujer y lesbiana para poder vivir contigo alguna historia de amor.

viernes

AMOR GAY


ARTURO PÉREZ REVERTE
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Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios. Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia. Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.